miércoles, 16 de abril de 2008

Una ventana

Las paradojas llenan los receptáculos habitables en donde se fusionan los mitos y las leyendas de quienes transitan debajo de un sol y se yerguen sobre las arbitrariedades de la luna emergiendo en un correcto espectáculo albiceleste que despoja los resquemores de una insufrida pérdida de lo que habitan quienes están por encima de los anteojos destapados y se sienten llenos de furia tan semejante al ayuno que podrían sentir la similitud de las cajas de madera y sin embargo sentir la diferencia de los ángulos obtusos llenos de parsimonia y generosidad pero sobre todo siempre llenos de salpingoclasias y pays de durazno. 

Las paradojas se abren en mi mundo y cuando siento que debo hablar con la cara de perro que empieza a resquebrajar las transitadas calles de la modernidad y de la perdición entonces no cierro los ojos ni empiezo a oír los muros resquebrajarse ni los gritos desgañitarse ni los pájaros sobre volar con angustia en una partida de aluminio y sed, pues los cartones que se embriagan en una cartera perforada con sendos metales de la vida siempre terminarán por parecerse más a una almidonada mortaja que a lo cualquier singular y siempre aguerrido plumero podrían contener dentro de sus cuatro paredes y sus ciento y un albures faciales.

Las paradojas me emergen y en lugar de voltear hacia adentro busco la salida de una diáfana ventana para abrir mi mundo al interior y sentir las oleadas de cientos de toxinas que invaden con un calor furioso los receptáculos de la vida. Hay que salir para entrar y poder resentir el amor de los difuntos y la virtud de los simios que siguen en sus marranadas de poder transmitir una patada y nunca una historia que se construye con letras y gloria y sangre y cansancio de pies y un sudor que huele a recuerdos y siempre termina por provocar un escozor mental que llena de prurito las alfombras allagadas de los que siempre se atreven a decir y nunca terminan por cruzar el árbol que se emerge dentro de la victoria del único y terminan por vivir sentados en la taza del baño. 

No hay comentarios: