viernes, 25 de abril de 2008

Mientras tanto

Desde anteayer he tenido aquella vorágine que te traga si no corres lo suficientemente rápido en mis pies. Recordé tiempos antiguos cuando tenías que presentar exámenes o trabajos o exposiciones o presentaciones, pues de lo contrario corrías el riesgo de sacar un feo 5 o 6 (o reprobado tipo humillación) y con ello perder la beca que tan poco trabajo te había costado obtener. Claro, había gente que se sentaba, calentaba el asiento (y yo añadiría que además consumía el oxígeno que a otros nos hacía más falta y por si fuera poco terminaban apestando el mítico salón 33, o en el caso respectivo, el salón de la prepa) sonreía al maestro, se hacía su best pero por la espalda soltaba pestes de él (y de cualquier otro terrícola) y pasaba con medianos esfuerzos. 

Aquella vorágine que te traga y cuyo epicentro es el terrorífico "me van a sacar de la universidad" se va transformando conforme creces y en estos días en los que uno deja de ser universitario para convertirse en "profesionista", la cara del epicentro se transfigura y se convierte en "no voy a cobrar o me van a despedir". Esa vorágine quiso tragarme ayer, pero como uno ya está fogueado por años y años de experiencia de correrle a la vorágine, la libre por un pelo de rana calva. ¿Quería trabajo no? Pues ahí está lo que le pone sabor al caldo. Y mientras uno sigue en lo que sigue y todos los demás siguen en su bestial dominio del ser, el universo sigue en lo suyo y no se va a detener ni va a cambiar por ninguna reforma energética ni por que no tengas para pagar la renta ni porque se muera tu tío abuelo. El universo sigue y sigue en lo suyo, quizás por una eternidad, para nosotros, pero quizás para el propio universo es sólo un instante y también está corriendo de una vorágine que lo está acabando.