domingo, 6 de abril de 2008

Momentos dramáticos IV: Cast Away

Hemos hecho un pequeño trabajo de conceptualización de la acción lacrimógena (como diría Martita) en la narrativa de las historias. Claro, han sido pequeños ejemplos, pero, a mi gusto, bastante elocuentes. Todos, de alguna forma u otra, logran que el que está en presencia del momento infausto, sienta cómo se le suben las lágrimas al cuello apretándolo y se desparraman en una tormentosa lágrima o en una silenciosa cascada. Da igual, terminan por remover los pocos sentimientos que algunos tienen en las entrañas y experimentan el goce de la representación, que sin estar ahí, está. 

Cuál es la línea conectiva que engarza los cuatro ejemplos (el último está en este post, más abajo) y nos hace saber que son representaciones del drama lacrimógeno. En primer lugar, las historias son trabajadas en varios niveles, en ocasiones heterogéneos a lo largo de la narrativa, pero no por ello se limita a la homogeneidad sigilosa. Dentro de los primeros momentos, siempre se debe conseguir que las personas sientan afinidad con los personajes. Una vez logrado esto, se establece lo más importante: la relación entre dos de ellos (o más). ¿Para qué es esto? Simple, para llegar bien a la tercer parte: las acciones dramáticas que vemos en los ejemplos anteriores, basan su fuerza en romper el vínculo emocional que existe entre los personajes. 

¿Amor? ¿Amistad? ¿Cómo definir ese tenue hilo que hace que la vida gire y que cuando se rompe, sentimos con mayor fuerza su presencia con la ausencia (como canción de Arjona)? Es un sentimiento que simplemente actúa como catalizador de la paz y la tranquilidad; del bienestar emocional, psíquico y físico; de que los engranes sigan girando, haciéndonos sentir que todo va, cuando en realidad deberíamos pensar que todo va bien. 

¿Amistad, amor? Son palabras que los hombres inventaron para atrapar ideas y sentimientos que revolotean a nuestro alrededor y, como cuando un niño encierra a un pequeño pajarito para verlo, así lo encerramos en una palabra para entenderla, cuando no hace más falta que dejar que esté libre y que todo transcurra como debe transcurrir. 

¿Amor o amistad? ¿A caso deben ser cosas diferentes? ¿A caso deben compartir lugares limitados? ¿Es una cosa o la otra? ¿Estar enamorado o preferir la amistad es algo que debe preguntarse? Las obras románticas nos han enseñado a distinguir las emociones, lo cual no está mal, pues nos deja verlas por separado; pero no podemos olvidar que, como acontece con cualquier obra artística, no podemos sentir la representación completa fijándonos sólo en un sentimiento. La obra está en el todo, la paz también. 

Los dejo con esta escena tristísima de Cast Away. No hay explosiones, no hay luces fantásticas ni monitos hechos en maya. Sólo dos amigos que son separados por el mar...


1 comentario:

Caro.Cazares dijo...

UUuuuuuiiiyyyyy Wilson! mmm yo al igual que tú me puse triste cuando Wilson se despide sin decir "agua va". Wilson es toda una simbología, es ese pedazo de ti, que se va, que te deja cada vez que un ciclo llega a su final. A veces, no sólo es un pedazo de ti, son personas que te acompañan durante el trayecto y que después, así y sólo así, se van, se desvanecen de tu vida, y como me dijo ZEDE la última vez que salimos de clase de francés, en aquella estación de RER:
es increible como, después de esto hay gente a la que NUNCA volveremos a ver...