viernes, 30 de noviembre de 2007

FaVula 5: El que llama... paga...




Mucho se ha discutido sobre las llamadas de extorsionadores que sacudieron los nervios de más de un diputadete. La versión oficial la conocen todos, pero la versión real, la que ocurrió en cada uno de los pensamientos de los que vivieron "la terrible vivencia de ser extorsionados", esa me la sé yo. Digo, modestia a parte, no por nada me dicen el Diablo, je je je.

La realidad es esta: me encontraba un tanto aburrido y tuve que utilizar a estos juguetes míos para pasar el rato. ¿Qué hice? Un ejercicio muy simple, milenario y muy, muy efectivo: los hice pelear uno a otro. Preferí llegar con los del PAN. Los del PRI ya me han cansado un poco, los del PRD tienen pacto con Fidel así que no me puedo meter en esa jurisdicción. ¿Conclusión? Sólo me quedan los marimochos del PAN. Son los ideales. Además de que sus santurronerías no me convencen del todo (¿quién por los mil yoes jura el nombre de dios y además se vuelve diputadete? Hay que ser verdaderamente hipócrita y cínico... y esos son los que más me gustan.

Primero fui con el diputado Pedro Pulido. Caramba, debieron ver su cara cuando le sugerí que Francisco Dávila, con todo y su mueca mustia de cordero impoluto, se tiraba a su hijo. ¡Ja ja ja ja! El zoquete no me dejó terminar, pero no importa, porque su reacción rebasó mis expectativas jajajaja. Tomó el teléfono y lo mejor fue oir su quejido "me las vas a pagar", que según él fue muy de macho, muy de hombre que va a poner orden, pero realmente era como de jovenzuela recogida jajajajaja. Entonces que le marca a unos tipitos "Márcale al hijoe... de Dávila (lo siento, no es mi estilo decir groserías), sácale un sustito... a ver si deja de estar ching...".

Unos minutos después, Dávila recibió una llamada. Se puso blanco, blanco, blanco. Empezó a mirar a todos lados, buscando la salida para ir al baño, tan mal se puso que había olvidado cómo llegar. Pero al arrastrar la mirada se topó con la mueca sardónica de Pedrito. Comprendió ipso facto lo que acababa de ocurrir. Es interesante ver cómo para muchas cosas, estos entes no pueden carburar con rapidez, pero si de chanchuyos y bajezas se trata, son muy rápidos, créanme, se los dice un experto. ¿Qué hizo? Yo no quería adivinar, porque precisamente esto es lo divertido, ver cómo se mean entre ellos, y cada uno tiene su toque especial, su manera de hacerlo, pues. Eso es lo divertido.

El chico Dávila tomó su teléfono "me las vas a pagar", dijo y que le marca a los mismos tipitos. Claro está, ninguno de los dos diputadetes jamás se les ocurrió que le estaban llamando a los mismos. "Dile al jodón Jesús que le tenemos a un secuestrado", dijo Dávila. Yo me quedé un poco turbado, no había regresado la amenaza a Pedrito. Pero en seguida capté sus negras intenciones. Jesús Flores Morfín sabía de los "negocios sucios" (así es muchachones, no sólo de PAN vive el hombre, o en este caso los diputadetes, y tienen que incursionar en otras tareas tan poco nobles como las que desmpeñan) de Pedrito, así que tan pronto le avisaran que le tenían a su crío, Jesús sabría con quien arreglárselas.

El tío Dávila había trazado bien su plan, dos contra uno es mejor que uno a uno, digo, aprenden bien eso de la pelea sucia. Sólo que el tío nunca se dio cuenta de que Chuchito es un poco imbécil y tiene los dedos poco conectados con el cerebro. Al brillante Chuchín se le ocurrió amenazar a Pedro, pero como sus dedos no conectaron con los mandatos del cacúmen, terminó por marcarle a Lizbeth Medina. "¿Bueno?", contestó la diputada. Chui se quedó de a seis "A chingá... ¿A, a ... a dónde hablo?", "¿Jesús?", "No, no, este, no, estoy hablando para decirle que esto es un secuestro". "¿Un secuestro? ¿Esto es un secuestro? No, esto es una llamada telefónica". "Oh pues, no, que diga, le tenemos secuestrado a alguien". Lizbeth mejor colgó, sabía que era una mala broma o era un secuestrador novatón, y en ambos casos no era real. ¿O sí?

Entonces a Lizbeth le dio un poco de ese escozor que te da cuando no sabes si metiste la pata. Volvio a abrir su celular y marcó al número "secreto". "Bueno", dijo una voz áspera. "Bueno, ¿Lupe? ¿Tú marcaste?". "No señora, para nada. ¿Cómo le voy a marcar? Ni modo de querer secuestrarla a usté... no eso sería como darme un balazo en el dedo chiquito del pie izquierdo". "Bueno, bueno, está bien... Luego te marco". "Antes de que cuelgue señora... oiga, ¿qué sus compañeros no están trabajando o hay feria ahí o qué?", "¿De qué me hablas Lupe?". "Pues sí señora, es que ya me hablaron dos de ahí mismo y quieren que los extorsione a ellos mismos. La verdá no entiendo el plan. Yo ya los llamé a todos, pero pues no más se quedan callados...". "¡Qué raro Lupe! Espera, espera..." "¿Qué pasó?" "Es que se desmayó Mirna... al rato te marco".

Así es, entre tanto desbarajuste, el buen Chuchito volvió a marcar mal y en esta ocasión le llamó a Mirna Rincón. Sólo que esta sí se lo creyó y ¡moles! Cayó al suelo. Así estuvo el asunto. Lo único que yo sé es que yo tuve un espectáculo medianamente bueno (soso, pero en fin... ya me desquitaré con Sarkozy) y lo que nadie se ha dado cuenta es que el más beneficiado con todo esto no son los secuestradores virtuales, es mi cuate Carlitos. ¿O que no el que llama paga?

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