lunes, 7 de mayo de 2007

el beso y la estrella

Un beso sedujo a una estrella y galopó incesante hasta que consiguió regocijar en un tálamo de luna y miel de verde amaranto y una tremontoria lubricidad la inclinación de los subterfujios recientes que se traslaparon encarnándose en la mente viril y sin soslayo de un jóven nauseabundo que intentaba cristalizar el destello de la chispa en dos cerúleos roces de fugaces sensaciones, inefables e invertebradas que se esparcían a la luz del rocío y que concluían y coludían sus alveolos tenaces en un entramado de vibraciones electrizantes y de una soledad remotamente tamizada por los sueros de la vida y la galaxia.

Un beso le dijo a una estrella "rocémonos en la insistencia de aquél hombre que busca en el calor de lo indestructible y en el tibio amanecer de los labios la recóndita oportunidad de ser perenne en un ápice arrancado al tiempo con los colores de las cerezas y la acidez de las guayabas, aquellas que lograron el contubernio eterno de la explosión cósmica, ancestral, inclaudicable, expandible y soñadora de un par de ojos que se escuchan y un par de brazos que se purifican en la suave emanciapción de lo que es todo y lo que es nada para quedar engarzados en la luz matinal de la noche y de los sortilejios".

Un beso besó a una estrella y la explosión de caricias rodearon el sueño de la noche y calleron anhelantes los disparatese de las tormentas que vuelan como un torbellino y se inclinan hacia los caireles de la tierra y se revuelcan en la visión insaciada de dos trémulos galopes que comienzan su debenir en un río salado y férreo, colorado como la tierra y caliente como el sol que llena los corpúsculos más ávidos y que al unirse los unos con los otros dan forma a la pétrea gracia dando vida a la carne que se junta con las nueces y en un suave bamboleo de vibraciones y de agua turbia y templada logran la hinchazón del vientre y el regocijo del caudillo, quien arrellanado en la silla del bloqueo instantáneo, conquista el músculo y se hace de la razón y del sentimiento que peleaban insesantes en los vendabales de la pasión y de la terquedad.

Un beso muere junto a una estrella sintiendo que el corazón arde de felicidad y de fantasías pues se han deseado y se han vivido como la tolbanera de los destellos surrealistas que buscan el encono más allá de la metáfisica y se han encontrado con el deseo de un hombre y el deseo de una mujer que trabaron en sus distancias una cercanía exacta y perfecta una vulnearción recíproca que se detalló en la batalla omnisciente y de talante luctuoso, hiriendo la perenne yaga y brotando en borbotones de cerveza, cal y vino y mostrando más músculos y más carne en la espera ansiosa y temida por la llegada del nuevo haz de luz que se confundirá con las olas remanentes de un casco perpetuo.

Un beso renace y una estrella lo busca con serenidad intacta, disolviendo los pellejos y arrancando las nociones de la temporalidad innata que taladra los huesos y busca por siempre en la oblicuidad de las catapultas los rescoldos de la sangre anegada que se entreteje con la negrura de la tierra y con el bozo de la mujer perdida que tiembla ante el reflejo del león cimbrado y extenuado ante las adversidades de la montaña que labra el pastor y que espera ver en los retoños de las alegrías los colmos y las desesperaciones que le hicieron ver un día, en el alba, frente al sol que se perpetuaba por un día más, el espectáculo andino, la bacanal de los alpees y la repetición que siempre estará frente los ojos obnubilados, atónitos que siempre mostrarán a un beso seduciendo a una estrella.

1 comentario:

Caro.Cazares dijo...

¿como?

[...un beso seduciendo a una estrella.

Fue lo que entendí
bu :(

No importa realmente las letras son como laberintos... podrás entrar, salir, recorrerlo todo y nuevaente salir. Y no necesariamente podrás entender su cauce.

Beso