domingo, 14 de octubre de 2007

Un Grinch regreso al Cine: Malos Habitos


Decidimos pasar una tarde con el buen Vite, pero el buen Vite no pudo pasar la tarde con nosotros porque se alargó una comida familiar. "No importa", dijo Cosqui, "vamos al cine nosotros". Eso hicimos. Íbamos a ir al de San Mateo, porque el estacionamiento es gratis (eso es importante en mi toma de decisión al ir a cualquier lugar: 1) que haya estacionamiento y 2) que sea lo más barato posible; de hecho las plazas deberían pasarnos una lana por estacionarnos e ir a comprar a sus tiendas las cuales les dan de comer harto y surtido, pero bueno, estamos en México, país divergente y surrealista, mágico e ilógico, rústico y atrasado, donde lo que es arriba está abajo y lo que está abajo suele revolotear por las ondas exigencias de la mentalidad puritana de los que no se quieren reconocer en el espejo y prefieren buscar su autenticidad en las cejas o en la imagen raída de un períodico soviético), pero la película llevaba ya un rato de haber empezado. Decidimos subir al cerro (literalmente) y perdernos en la brumosa cima del SkyMall, un nuevo centro comercial cuyo principal atracción (además de la vista) es un estacionamiento de 3 pesos. Mejor, imposible.

Total que decidimos entrar a ver la de Malos Hábitos, dirigida por el "director de comerciales más premiado del mundo", Simón Bross. Después de comprar las palomitas reglamentarias y chutarnos la mitad esperando en la fila de la sala, logramos arrellanarnos en lo más alto de la sala, con las escaleras a nuestros pies, para que mi rodilla que siempre truena, no se encontrara con personas que la molestaran en su faena de estirarse para tronar. De este modo, me eché un tercio más de lo uqe quedaban de palomitas y empezó la función después de los respectivos 15-20 minutos de previos comerciales. Pasaron las imágenes ante mis ojos y no pude dejar de lanzar una crítica. Quise callarme la boca, no lo conseguí. Traté de evitar que mi cerebro conjugara pensamientos, fue inevitable. Al final, Cosqui me dijo que le había gustado mucho. Yo no pude contener el vendabal que atormentaba mis quijadas y tuve que decirlo: "a mí no me gustó".

¡Terrible desgracia! ¡Maldito traidor a la patria! ¡Cómo te atreves a atacar al director de comerciales más premiado del mundo! ¡Cómo te atreves a demeritar el esfuerzo de un mexicano! Lo que pasa es que estás lleno de rabia, te quemas por dentro de la envidia que él sí pudo tirar dinero a la basura en una historia técnicamente bien hecha pero narrativamente mediocre. Te corroe las entrañas ver que otro sí pudo hacer lo que tú no has podido: darle un putazo, muy elegante por cierto, al ya destrozado orgullo del cine nacional. Se te pudren los dientes mientras bociferas contra un paisano, eres un paria, ¡no! pero que paria, eres un... cangrejo.

Nada de eso. Simplemente tengo una visión muy extraña del cine. Me parece que el cine debe penetrar en las entrañas y hacerte sentir y hacerte pensar. El cine, como todo arte, será un buen cine si logra representar, si puedo oler la fruta que se come la damicela que seduce al galancete; congelarme con los glaciares que desprenden pequeñas burbujas de aire helado a través de la pantalla; reírme con los pensamientos tácitos de dos amantes que se ven desnudos y piensan en lo trivial que sería su existencia si los filmaran en el acto; beber los lunares de dos asesinos que se mantienen buceando en las profundidades de sus delirios. Si no logran hacerme ver lo que el director vio, no es un cine que tenga vida; será una estatua fría y hueca; un óleo poroso que se deshace con un soplido; un edificio sin interior; un ser humano sin sangre ni alma.

Eso es lo que vi en la cinta del multipremiado Simón Bross. Maneja la cámara de una forma excelsa. Sus movimientos cadenciosos hipnotizan al espectador y le confieren un ritmo semilento, elegante, liviano a la historia. La fotografía es muy buena, de hecho es muy artística. Si hubiera presentado este film como una exposición de fotografías, sería tremendamente elocuente. Pero como largometraje se queda corto. La historia, lo que verdadermente importa en el cine (a mi modo de ver) se ve completamente alejada de las personas. Los personajes no fueron tratados con sabiduría. La niña, supuestamente la protagonista, queda relegada a un tercer plano difuso. La madre se convierte en la villana y la víctima, pero jamás lo sabemos. La monja tiene sus momentos, pero al final queda en un plano meramente anecdótico completamente desarticulado del resto de lo que pasa en la película. La historia se desmadejó hasta caer en un sinsentido, en un montón de personajes sin alma, que no dicen nada, a pesar de que podrían decir mucho.

Se hicieron tres historias y ninguna tuvo el peso ni la autoridad para ordenar al resto. Ninguna de la historias me convenció en absoluto. Sólo una escena tuvo una chispa de vida: las monjas poniendo su negocio. Fuera de eso, Simón Bross debería haber pensado en no dejar de hacer comerciales. Simón Bross debió de entender que una película no son fotos, son cuentos relatados a través de imágenes; es un lazo de comunicación y de expresión entre el director y el espectador. No son bonitas fotos. Toda la grandeza de Bross, capaz de contar en un comercial un largometraje, se evaporó. Qué esperanzas de ver a los personajes llenos de gracia y movimiento como en sus campañas de "todos tienen un jetta, al menos en la cabeza" o "el niño del Seally que brinca en un colchón y cae dormido en el otro". Nada, simplemente la película le quedó muy grande.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Se más respetuoso, hay que ser humildes.

MasterYoudas dijo...

Gracias estimado anónimo, tu comentario me ha hecho ser un poco más humilde y respetuoso, aunque no sé a qué te refieres. Yo escribí lo que me pareció, tú escribiste lo que te pareció de lo que escribí ¿entonces? ¿Cuál es tú problema? ¿A caso tienes un problema? si no te gusta, entonces explícame porqué no te gustó, y de antemano te digo que respeto lo que tú digas, pero yo voy a seguir pidiendo que se respete lo que yo diga...

saludos y muchas gracias por tus palabras cargadas de sabiduría...