"Señora, estoy buscando a un joven. Han pasado treinta ricos años de búsqueda y siempre llegó al lugar donde él estuvo, retrasado por un instante. Cuando inicié mi travesía a la edad de treinta y tres, sentí que la vida me había encomendado guiar a alguien a algún lado. ¿Dónde? ¿Quién? No lo sé. Sólo fue un impulso que llenó mis piernas y mis brazos de una energía extraña y me impulsó fuera de mi casa y seguí los pasos de ese que sólo es sombra para mí. Así inicié un periplo rico en conocimientos, platicando con grandes hombres que habían dedicado sus días a contemplar la vida y charlar con otros grandes hombres que se habían dedicado a su vez a charlar con otros que habían pasado sus días pensando. Y todas las conjeturas que me expusieron me parecieron realmente asombrosas, no por las verdades que encerraban, sino por que yo las había pensado también.
Mis pies caminaron incesantes hasta que finalmente tuve noticias que me hicieron sentir un golpe en el corazón por dos razones. En primer lugar eran noticias que le daban rumbo a mis pies, hablaban de un par de nobles judíos que tendrían un hijo. Por alguna razón, supe que era a ese pequeño al que debía proteger. La segunda razón que hizo retumbar mi ser fue enterarme de que había ocurrido una conspiración en el seno de la nobleza y los habían expulsado de la corte y ahora huían a salto de mata, recorriendo varios poblados, ocultos y con la espada de Damocles sobre ellos todo el tiempo. Era presuroso que mis pies sintieran el apuro para que corrieran a su lado y protegerlos. Fue así como llegué a una pequeña aldea cercana a Belén. Tenía la intención de pasar sólo unas horas ahí, pero el viento me indicó que debía internarme a la campiña... y así lo hice. Caminé algún tiempo y la noche me alcanzó. No me detuve a dormir, pero no fue suficiente mi empeño, pues al llegar a un chiquero maltrecho, sólo se sentía el rumor de las sombras de personas que habían estado ahí. Una buena y una mala: la buena era que finalmente había llegado a mi destino, la mala, que no podía cruzarlo todavía.
Y así pasaron los años, buscándolo, siguiéndolo, escuchando el eco de sus pisadas, el rumor de sus palabras, y él se fue haciendo viejo y yo me fui haciendo niño. Por cada experiencia que él adquiría, yo me volvía más joven. Lo seguí por todos lados, por los montes, a la casa de los Zigurats, a las villas de los Brahamanes, a las tierras de Kǒngzǐ, y al mismísimo infierno lleno de tierra seca y de hectáreas llenas de arena y de ardor y de un escándalo en el alma que pide libertad con la saliva que se seca en la garganta que hierve. Finalmente pasaron treinta años, señor, treinta años en donde mis pies se allagaron y rompieron en múltiples pedazos que se esparcían por todo los caminos en los que seguí sus huellas, las cuales siempre iban acompañadas de un par más; y ante la sorpresa de saber que era uno al que seguía pero eran dos (o más) los que aparecían, decidí curiosear más en esas huellas alternas a las que marcaban mis pasos.
Señora, siguiendo a esas huellas, que en ocasiones mostraban una clara pelea, una discusión, un impulso violento, una desdicha, desesperación y confusión, fue que terminé por llegar a este monte, temeroso de encontrar a las huellas no deseadas pero ansioso de ver a aquél que llevo años persiguiendo. Usted tiene de frente a un niño, señor, pero le aseguro que estos ojos son más añejos de lo que todas sus canas pudieran representar. Llegué a este monte y sólo encontré lágrimas manchadas de sangre y un olor a miedo y a una mezcla extraña entre la esperanza y la desesperanza. Señora, ¿usted podría indicarme en dónde puedo encontrar a quien álgidamente sigo desde hace más de treinta y tres años?".
"Claro que sí pequeño, y disculpa mis lágrimas, pero creo que has llegado nuevamente tarde. Hoy, dentro de algunas horas lo sacrificarán para mostrar al mundo que nadie podrá cambiarlo".
"Por favor, señora, no se vaya, sólo dígame qué camino debo recorrer para llegar hasta a él. ¡Hágalo por un alma que pide reposo! Tal vez no pude proteger a este hombre, pero por favor, no me niega la dicha de verlo en el último momento. Verá, desde hace algunos días, las piernas han abandonado a las fuerzas que siguen en mi corazón. También me empieza a fallar la voz y temo que en cualquier momento la visión se convertirá en un hálito y me embriague de nuevo en el recuento de la felicidad que, incólume, renace cada día y muere a cada instante. Sólo le pido eso, una señal, una dirección, ¿hacía dónde debo arrastrarme?".
"Pequeño, realmente me parece increíble tu relato, y si no estuviera en mis cabales, pensaría que la desesperación por saber que mi hijo, ese hombre del que hablas, morirá precisamente hoy, me ha llevado a la locura. Pero tu presencia me tranquiliza sobrenaturalmente y me hace sentir una felicidad, una dicha increíble, como si no fuera a perder a un hijo, como si nunca fuera a perderlo. Te llevaré con él. Permíteme cargarte y llevarte conmigo, junto al corazón, para que la desdicha no me desgarre en su presencia".
La mujer cargo al pequeño, quien no soportó más y durmió todo el camino. Llegaron hasta el Kraniou Topos y la muchedumbre despertó al bebé. Sus ojos se detuvieron frente al hombre que se erigía frente a él.
"Por fin te veo, pensó el pequeño quien sólo podía gemir y balbucear, por fin mi corazón descansa. ¡Perdóname por no llegar antes y evitar que tuvieras una muerte tan terrible!". Entonces el hombre en lo alto lo miró desfalleciente, y su corazón también se regocijó al verlo. "Por fin te veo, balbuceó el hombre quien ya no podía articular ninguna palabra, por fin mi corazón descansa. ¡Perdóname por no llegar antes y evitar que tuvieras un destino... tan terrible!".
martes, 25 de diciembre de 2007
lunes, 24 de diciembre de 2007
Feliz Navidad
A muchos les puede resultar una fecha hermosa, a otros les parece una vulgar bacanal burguesa, pero me parece que a todos nos afecta de alguna manera la Navidad. Hay quien se deprime y se mete un bonche de pastillas y duerme por mucho, mucho tiempo. A otros les entra un furor inexplicable por comprar cualquier madre, bajo el anatema de "la intención es lo que cuenta". Hoy fui al super a comprar algo para la cena que todos vamos a llevar a cabo esta noche, y no precisamente porque todos celebremos lo mismo, sino porque irremediablemente hoy todos comen. Fue espantoso ver cómo el super parecía una sucursal de Zara en barata. Pero fue todavía más espantoso ver kilos y kilos de comida apilada y que quien sabe si se vaya a comer todos. En fin, eso ya no me incumbe a mí.
A lo que voy es que a todos nos pega esta fecha por la tradición. Es una tradición festejar el 24 y el 25 recalentar lo que hubo el día anterior. Es una tradición que realmente olvida lo más importante de todo: la unidad. Es verdad, todos nos vamos a regalar cosillas y entre nuestros hermanos, primos, padres, abuelos, compadres, nietos (los que tengan) etcétera, etcétera, sentirán un extraño halo por compartir aunque sea una pinchurrienta lata de cacahuates. Pero eso sí, se chutaron largas filas haciendo coraje, mentaron madres a granel por toda la pinche ciudad que está caótica, el estrés los vuelve hipersensibles (ojo, no es la navidad, es el pinche estrés que provoca la navidad lo que vuelve a la gente histérica (sí, incluso a los hombres nos da histeria, porque por alguna razón, tanto estrés nos crea una matriz fantasma, aunque haya muchos machines que no lo quieran reconocer)).
¿Es eso la navidad? ¿Una sonrisa de dientes para afuera? Pues sí, eso es la navidad. El Grinch tenía razón. Es preferible ser un odioso y amargado, pero coherente, a ser un piadoso que gasta millones de pesos para la felicidad de todos, cuando la verdadera felicidad estaría en que no usaran su puto automóvil para contaminar el jodido planeta. En fin, todos podemos echarle la culpa a la mercadotecnia y a la verdadera genial idea de Coca Cola de apoderarse sutilmente de Santa; es más podemos irnos a momentos más alejado y echarle la culpa a la Santa Iglesia Católica y Apostólica, ah, y Romana. Pero de qué sirve quejarnos y quejarnos y convertirnos en unos cuasi líderes del CGH y similares; convertirnos en gente que convierte "el estar en contra" en su modus vivendi; convertirnos en piojosos que creen que por irle al PRD y tener monitos del Peje en su casa ya están buscando el espejismo de la justicia social. ¿Para qué gastar tiempo a lo bruto?
Nel, mejor empecemos por uno mismo y tratemos de vivir todos los días como si fueran Navidad (no la que vivimos, llena de tráfico invivible y sonrisas hipócritas, la otra la que te da tranquilidad) y vivir todos los días como si fueran día de las madres y vivir todos los días como si fuera día del mundo y día de la mujer y día del niño y día del hombre (porque nosotros también tenemos nuestro día) y tratar de agredirnos menos y abrir un poco más el sentido común y rescatar esa palabra RESPETO y revivirla con su significado y exigir que los padrecitos pederastas recuerden el RESPETO y que los violadores recuerden el RESPETO y que las mujeres con camionetas recuerden el RESPETO y que los hombres con automóviles (asesinos en potencia) recuerden el RESPETO y que los niños que se burlan de los demás y creen que por ser niños se les pasa todo recuerden el RESPETO y que los profesores amargados y traumados porque no pudieron tener una vida como la que hubieran querido recuerden el RESPETO y que los políticos recuerden el RESPETO (y se den un balazo todos).
Concluyo esta diatriba con una simple petición: recuerden que la Navidad es, entre muchas cosas, RESPETO.
A lo que voy es que a todos nos pega esta fecha por la tradición. Es una tradición festejar el 24 y el 25 recalentar lo que hubo el día anterior. Es una tradición que realmente olvida lo más importante de todo: la unidad. Es verdad, todos nos vamos a regalar cosillas y entre nuestros hermanos, primos, padres, abuelos, compadres, nietos (los que tengan) etcétera, etcétera, sentirán un extraño halo por compartir aunque sea una pinchurrienta lata de cacahuates. Pero eso sí, se chutaron largas filas haciendo coraje, mentaron madres a granel por toda la pinche ciudad que está caótica, el estrés los vuelve hipersensibles (ojo, no es la navidad, es el pinche estrés que provoca la navidad lo que vuelve a la gente histérica (sí, incluso a los hombres nos da histeria, porque por alguna razón, tanto estrés nos crea una matriz fantasma, aunque haya muchos machines que no lo quieran reconocer)).
¿Es eso la navidad? ¿Una sonrisa de dientes para afuera? Pues sí, eso es la navidad. El Grinch tenía razón. Es preferible ser un odioso y amargado, pero coherente, a ser un piadoso que gasta millones de pesos para la felicidad de todos, cuando la verdadera felicidad estaría en que no usaran su puto automóvil para contaminar el jodido planeta. En fin, todos podemos echarle la culpa a la mercadotecnia y a la verdadera genial idea de Coca Cola de apoderarse sutilmente de Santa; es más podemos irnos a momentos más alejado y echarle la culpa a la Santa Iglesia Católica y Apostólica, ah, y Romana. Pero de qué sirve quejarnos y quejarnos y convertirnos en unos cuasi líderes del CGH y similares; convertirnos en gente que convierte "el estar en contra" en su modus vivendi; convertirnos en piojosos que creen que por irle al PRD y tener monitos del Peje en su casa ya están buscando el espejismo de la justicia social. ¿Para qué gastar tiempo a lo bruto?
Nel, mejor empecemos por uno mismo y tratemos de vivir todos los días como si fueran Navidad (no la que vivimos, llena de tráfico invivible y sonrisas hipócritas, la otra la que te da tranquilidad) y vivir todos los días como si fueran día de las madres y vivir todos los días como si fuera día del mundo y día de la mujer y día del niño y día del hombre (porque nosotros también tenemos nuestro día) y tratar de agredirnos menos y abrir un poco más el sentido común y rescatar esa palabra RESPETO y revivirla con su significado y exigir que los padrecitos pederastas recuerden el RESPETO y que los violadores recuerden el RESPETO y que las mujeres con camionetas recuerden el RESPETO y que los hombres con automóviles (asesinos en potencia) recuerden el RESPETO y que los niños que se burlan de los demás y creen que por ser niños se les pasa todo recuerden el RESPETO y que los profesores amargados y traumados porque no pudieron tener una vida como la que hubieran querido recuerden el RESPETO y que los políticos recuerden el RESPETO (y se den un balazo todos).
Concluyo esta diatriba con una simple petición: recuerden que la Navidad es, entre muchas cosas, RESPETO.
viernes, 21 de diciembre de 2007
FaVula 6: La bola de nieve
Se le veía abrumado, cansado y harto. Estaba sofocado y su desesperación rebozaba en cada centímetro de la cara y de las manos y de lo cabellos cada día eran más y más canosos. Siempre era lo mismo, decía. Todo es injusto, todo se mide por el implacable metro del dinero, ¡todo! ¿Y sus sueños? ¿Y los sueños de los demás? ¿Por qué no alzar la voz? ¿Por qué no ir en contra de lo que todos siguen como... borregos? ¡Borregos! Es un maldito rebaño el que sigue a tropel cada paso de la potencia. Cachorros del imperio, decía. Le dieron ganas de tomar a todos los mugrosos que se divertían y que lanzaban dinero a todos lados y compraban y bebían y se vestían... ¡me dan asco!, decía.
Entonces salió de su covacha burguesa y quiso hacer justicia, porque ya era hora de que se hiciera justicia. Se levantó en lo alto de un cerro y gritó al mundo "¡Aquí estoy! No teman, que ya vine a liberarlos". Se armó con una casaca verde, porque el verde le daba fuerza a sus energías y caminó hacia el bosque, seguro de que ahí encontraría al señor de la injusticia, al creador de una cultura despiadada y estúpida. Ahí estaría, modelando más artimañas para engañar a los hombres, sus amigos, sus hermanos, para engañarlos a todos y embaucarlos en un torbellino de frivolidades y hedonismo sin cuartel. Creador de fatalidades como los tratados comerciales, los bancos, las monedas, la ropa de alta costura, los automóviles, todo, todo lo que destrozaba su corazón (y el del mundo también, seguramente) venía del mismo desordenador. Por eso iba al bosque, para encontrar al diablo.
Así salió Juan Ramón Pereira a buscar al asesino de las convicciones y de las virtudes y aún más, de la libertad. Se internó en el bosque y esperó alguna señal, algún destello de verdad. Buscó bajo la hojarazca, bajo los nogales, bajo las ramas, bajo los tomates que nacían, bajo las ardillas que mordían, bajo la luna que lo seguía, pero no lo encontraba. Se sintió solo y desconsolado, pues ahora no sólo carecía de un enemigo, sino que no tenía la más mínima idea de dónde estaba. Fue cuando conoció a su sombra y después de muchos días intentando decifrar su lenguaje, terminaron por convertirse en amigos. Pero lo mejor de tener a su sombra como único amigo fue que, dependiendo de cómo cayera la luz, podía tener muchas sombras y por lo tanto, muchos amigos... muchos amigos que pensaban como él.
De esta forma y sin poder hallar nunca al señor de la injusticia, pudo entrenar a un ejército de sombras para que repitieran lo que él pensaba. Las sombras comenzaron a crearse una identidad y una manera de pensar que partía de los preceptos de su creador y amigo. Ahora podían platicar entre ellas mientras Él dormía; y podían discutir la forma en que debían hablar a sus seguidores mientras Él daba un paseo buscando al injusto; y podían pelear a gusto sin que el hombre que las parió pudiera hacer nada para evitarlo. Tenían vida propia, aunque seguían siendo sombras, sin ninguna característica que las hiciera diferentes ante los ojos de nadie más que de ellas mismas.
Y entonces, sin poder cumplir su cometido, Juan Ramón Pereira moría dejando solas y huérfanas a sus sombras. Les prometió que algún día regresaría para ver cómo habían logrado cumplir con su cometido y disfrutar de la libertad que jamás pudo tener (o supo vivir). Las sombras se entristecieron y sintieron cómo quedaban solas por completo en un bosque al que ahora sentían extraño. Fueron vagando sin rumbo fijo siempre buscando algo que les había dicho su maestro, pero nunca encontrando. Sin querer llegaron a una villa al pie del bosque y ahí encontraron a mucha gente que sentían algo familiar en ellas, pero que por alguna razón las sentía ajenas.
Ahí vivieron por muchos años, enseñando las palabras de su maestro Juan Ramón Pereira, y el pueblo llegó a creer que realmente estaban liberados. Todos bailaban y se agasajaban sintiendo el estupor de la libertad, todos creían tener las respuestas a lo que tanto se habían preguntado y las sombras sintieron que, si bien no habían encontrado nunca al Injusto, habían terminado la proeza de su Creador. Todos eran felices, pensaban las sombras, el Injusto debe ser una alegoría a nuestros miedos, se decían... pero todo pertenece a un equilibrio, y la balanza volvió a su nivel.
A lo lejos escucharon cómo caía una gran bola de nieva, que venía del bosque. Todos la vieron y todos sintieron que la bola de nieve no llegaba ahí de manera fortuita, más bien los había cazado. Todos los pobladores se armaron con más nieve pues sabían que esa bola quería arrancarles la libertad que habían creído alcanzar. Entonces las sombras vieron que el Injusto estaba frente a ellos. Armaron al pueblo de valor y entre todos intentaron detener la bola lanzándole más nieve, pero sólo consiguieron hacerla más poderosa. La bola pasó sobre ellos y los convirtió en parte de la misma masa heterogénea, las sombras desaparecieron y lo único que quedaron fueron sus ideas convertidas en bestsellers.
Entonces salió de su covacha burguesa y quiso hacer justicia, porque ya era hora de que se hiciera justicia. Se levantó en lo alto de un cerro y gritó al mundo "¡Aquí estoy! No teman, que ya vine a liberarlos". Se armó con una casaca verde, porque el verde le daba fuerza a sus energías y caminó hacia el bosque, seguro de que ahí encontraría al señor de la injusticia, al creador de una cultura despiadada y estúpida. Ahí estaría, modelando más artimañas para engañar a los hombres, sus amigos, sus hermanos, para engañarlos a todos y embaucarlos en un torbellino de frivolidades y hedonismo sin cuartel. Creador de fatalidades como los tratados comerciales, los bancos, las monedas, la ropa de alta costura, los automóviles, todo, todo lo que destrozaba su corazón (y el del mundo también, seguramente) venía del mismo desordenador. Por eso iba al bosque, para encontrar al diablo.
Así salió Juan Ramón Pereira a buscar al asesino de las convicciones y de las virtudes y aún más, de la libertad. Se internó en el bosque y esperó alguna señal, algún destello de verdad. Buscó bajo la hojarazca, bajo los nogales, bajo las ramas, bajo los tomates que nacían, bajo las ardillas que mordían, bajo la luna que lo seguía, pero no lo encontraba. Se sintió solo y desconsolado, pues ahora no sólo carecía de un enemigo, sino que no tenía la más mínima idea de dónde estaba. Fue cuando conoció a su sombra y después de muchos días intentando decifrar su lenguaje, terminaron por convertirse en amigos. Pero lo mejor de tener a su sombra como único amigo fue que, dependiendo de cómo cayera la luz, podía tener muchas sombras y por lo tanto, muchos amigos... muchos amigos que pensaban como él.
De esta forma y sin poder hallar nunca al señor de la injusticia, pudo entrenar a un ejército de sombras para que repitieran lo que él pensaba. Las sombras comenzaron a crearse una identidad y una manera de pensar que partía de los preceptos de su creador y amigo. Ahora podían platicar entre ellas mientras Él dormía; y podían discutir la forma en que debían hablar a sus seguidores mientras Él daba un paseo buscando al injusto; y podían pelear a gusto sin que el hombre que las parió pudiera hacer nada para evitarlo. Tenían vida propia, aunque seguían siendo sombras, sin ninguna característica que las hiciera diferentes ante los ojos de nadie más que de ellas mismas.
Y entonces, sin poder cumplir su cometido, Juan Ramón Pereira moría dejando solas y huérfanas a sus sombras. Les prometió que algún día regresaría para ver cómo habían logrado cumplir con su cometido y disfrutar de la libertad que jamás pudo tener (o supo vivir). Las sombras se entristecieron y sintieron cómo quedaban solas por completo en un bosque al que ahora sentían extraño. Fueron vagando sin rumbo fijo siempre buscando algo que les había dicho su maestro, pero nunca encontrando. Sin querer llegaron a una villa al pie del bosque y ahí encontraron a mucha gente que sentían algo familiar en ellas, pero que por alguna razón las sentía ajenas.
Ahí vivieron por muchos años, enseñando las palabras de su maestro Juan Ramón Pereira, y el pueblo llegó a creer que realmente estaban liberados. Todos bailaban y se agasajaban sintiendo el estupor de la libertad, todos creían tener las respuestas a lo que tanto se habían preguntado y las sombras sintieron que, si bien no habían encontrado nunca al Injusto, habían terminado la proeza de su Creador. Todos eran felices, pensaban las sombras, el Injusto debe ser una alegoría a nuestros miedos, se decían... pero todo pertenece a un equilibrio, y la balanza volvió a su nivel.
A lo lejos escucharon cómo caía una gran bola de nieva, que venía del bosque. Todos la vieron y todos sintieron que la bola de nieve no llegaba ahí de manera fortuita, más bien los había cazado. Todos los pobladores se armaron con más nieve pues sabían que esa bola quería arrancarles la libertad que habían creído alcanzar. Entonces las sombras vieron que el Injusto estaba frente a ellos. Armaron al pueblo de valor y entre todos intentaron detener la bola lanzándole más nieve, pero sólo consiguieron hacerla más poderosa. La bola pasó sobre ellos y los convirtió en parte de la misma masa heterogénea, las sombras desaparecieron y lo único que quedaron fueron sus ideas convertidas en bestsellers.
jueves, 20 de diciembre de 2007
"Dígame licenciado... Licenciado..."
Finalmente cumplí con lo que me había propuesto desde hace poco más de 20 años: acabar los menesteres de educación. Ahora sí, podríamos decir, soy libre de seguir con una carrera académica que culmine en el doctorado honoris causa o bien puedo dedicarme al desarrollo meramente profesional o bien, puedo quedarme en mi casa esperando que la suerte me sonría y me den el premio máximo del "Melate", pero sólo una cosa es segura, el camino que tome de hoy en adelante, no tiene porque ser uno solo y tiene que ser logrado de la mejor manera posible.
Ayer Gabilonda me pedía que dijera unas palabras como "licenciado". Realmente no sé cuáles son las palabras que debe tener un licenciado, y creo que se debe a mi falta de experiencia como eso (digo, a penas llevo un día siéndolo), pero el párrafo anterior resume de alguna forma lo que pienso: ser licenciado no es más que un papel... pero es de esos papeles que se siente chido tener. Sobre todo si pensamos que han sido años de esfuerzo y tolerancia y paciencia y constancia y muchos otros ingredientes que se mezclan para construir un pequeño puente que nos va llevando sobre el mar de la vida... y la licenciatura no es el cúlmen de dicho puente, pero sí es una parte que sobresale.
Ahora bien, pienso que debe sobresalir gracias a los siguientes pedazos que formen el puente del que hablé anteriormente. Debe sobresalir con los nuevos esfuerzos completamente personales que te propongas y de los cuales debes salir victorioso. La sociedad en la que vivimos te pide que te titules con una licenciatura. Eso es lo que todos están esperando ver. Y hasta ahorita ya cumplí. Pero lo quiero decir es que lo que sigue es completamente dependiente de uno mismo. Ya no hay que cumplir con los estándares de una sociedad. Ahora viene lo bueno. Los requisitos para llegar como un ente "exitoso" fueron alcanzados, ahora sí me toca construir un barco propio (o muchos barcos o una lanchita o un avión o un caballo o lo que sea) y buscar nuevos horizontes.
Habrá personas que decidan irse por la ruta segura. Habrá personas que busquen un nicho en alguna empresa y ahí se formarán unas raíces que los alimentarán por algunos años hasta que la sombra de la jubilación los cubra por completo. Por mí que se caigan todas las empresas y emporios, de todas formas no pensaba unirme a ellos en la forma en que lo harían los empleados. Yo quiero ver qué hay más allá... tengo, por alguna extraña razón, una curiosidad que romanticamente asocio con la de los aventureros de los siglos XIV y XV. Tengo ganas de romper líneas. Tengo ganas de formar caminos. Tengo ganas de tallar en la piedra de la vida.
Tengo tantas ganas... y ahora que ya cumplí con la meta más larga de lo que llevo de vida, me parece que tengo una especie de combustión interna que me permitirá llegar a donde quiera... a menos que cometa alguna tarugada y esa energía termine por explotar dentro de mí y explote como un cacharro viejo... y aún así me sentiré reconfortado, porque habrá sido una decisión propia. Llegué a la línea que divide a los Hombres de los hombres y ya dirá el destino qué clase de criatura fui: ¿un Hombre o un hombre?
De todas formas y por mientras, sólo hay una cosa segura: hoy ante la sociedad ya soy alguien... ¡Soy un licenciado, así que respeto por favor!
Ayer Gabilonda me pedía que dijera unas palabras como "licenciado". Realmente no sé cuáles son las palabras que debe tener un licenciado, y creo que se debe a mi falta de experiencia como eso (digo, a penas llevo un día siéndolo), pero el párrafo anterior resume de alguna forma lo que pienso: ser licenciado no es más que un papel... pero es de esos papeles que se siente chido tener. Sobre todo si pensamos que han sido años de esfuerzo y tolerancia y paciencia y constancia y muchos otros ingredientes que se mezclan para construir un pequeño puente que nos va llevando sobre el mar de la vida... y la licenciatura no es el cúlmen de dicho puente, pero sí es una parte que sobresale.
Ahora bien, pienso que debe sobresalir gracias a los siguientes pedazos que formen el puente del que hablé anteriormente. Debe sobresalir con los nuevos esfuerzos completamente personales que te propongas y de los cuales debes salir victorioso. La sociedad en la que vivimos te pide que te titules con una licenciatura. Eso es lo que todos están esperando ver. Y hasta ahorita ya cumplí. Pero lo quiero decir es que lo que sigue es completamente dependiente de uno mismo. Ya no hay que cumplir con los estándares de una sociedad. Ahora viene lo bueno. Los requisitos para llegar como un ente "exitoso" fueron alcanzados, ahora sí me toca construir un barco propio (o muchos barcos o una lanchita o un avión o un caballo o lo que sea) y buscar nuevos horizontes.
Habrá personas que decidan irse por la ruta segura. Habrá personas que busquen un nicho en alguna empresa y ahí se formarán unas raíces que los alimentarán por algunos años hasta que la sombra de la jubilación los cubra por completo. Por mí que se caigan todas las empresas y emporios, de todas formas no pensaba unirme a ellos en la forma en que lo harían los empleados. Yo quiero ver qué hay más allá... tengo, por alguna extraña razón, una curiosidad que romanticamente asocio con la de los aventureros de los siglos XIV y XV. Tengo ganas de romper líneas. Tengo ganas de formar caminos. Tengo ganas de tallar en la piedra de la vida.
Tengo tantas ganas... y ahora que ya cumplí con la meta más larga de lo que llevo de vida, me parece que tengo una especie de combustión interna que me permitirá llegar a donde quiera... a menos que cometa alguna tarugada y esa energía termine por explotar dentro de mí y explote como un cacharro viejo... y aún así me sentiré reconfortado, porque habrá sido una decisión propia. Llegué a la línea que divide a los Hombres de los hombres y ya dirá el destino qué clase de criatura fui: ¿un Hombre o un hombre?
De todas formas y por mientras, sólo hay una cosa segura: hoy ante la sociedad ya soy alguien... ¡Soy un licenciado, así que respeto por favor!
miércoles, 19 de diciembre de 2007
No andaba muerto...
...pero tampoco estaba de parranda... ¡Nel! Estaba haciendo un video para presentar mi tesis en el examen profesional que tendré este miércoles. Así es muchachos y muchachas, ya seré licenciado "di a ley" y qué mejor forma de presentar una tesis de teoría cinematográfica que haciéndole un videito. Quize atachearlo a este post, pero me parece que estaba o muy pesado o simplemente aún no entiendo cómo hacerle. Pero no hay problema, tan pronto como se me prenda el foco, yo les hago ver lo que hice.
Un grinch vio "Hombres de honor"
De hecho, este post es el que debió aparecer desde el domingo, día en que comúnmente hablo de cine. En esta ocasión hablaré de una película que vimos, Cosqui y yo, se llama "Hombres de honor". La historia, es una verídica llevada a la pantallota por productores de Hollywood, así que seguramente se podrán imaginar que está repleta de escenas cursis y una musiquita que exalta a las virtudes con una corneta cuyo silbido se extingue en el aire. Pero en fin, el punto de esta película (que no es más que para pasar el rato, y en algunos casos, como el mío, también te invita a pensar) fue la amistad. Así es, señoras y señores, señoritas y mozalbetes, una película también puede hacerte pensar un poquito, y en particular, estas son las películas que a mí me gustan.
Últimamente he estado leyendo algunos blogs (el de Caro, el de Mel, el de Edgar) en donde continuamente aparece la figura de la amistad, ya sea para alabarla o para añorarla.
¿Qué diablos es una amigo? Yo no soy muy amiguero, de eso estoy seguro... Tengo amigos contados, uno desde la primaria, cuatro de la prepa, y unos siete en la universidad. Si hacemos las cuentas son muy pocos si lo comparamos con lo que muchos tienen. Pero no importa, para mí son mis amigos, son las personas con las que me siento bien, en confianza, con las que puedo exponer mi personalidad tan extraña y que de todas formas siguen con las ganas (y el nervio suficiente) para continuar a mi lado. ¿Eso es un amigo? Porque para muchos, un amigo es aquél al que le puedes contar confidencias, con el que te diviertes, con el que te puedes desahogar... y yo, como bien lo dijo Mel, no suelo desahogarme ni contar confidencias con nadie... (salvo con casos muy particulares).
¿Quiere decir que no son mis amigos? ¿El hecho de no embriagarme con ellos diarios los aleja del concepto de amistad? ¿No compartir dolores y angustias los desacredita como amigos y sólo los convierte en camaradas, o peor aún en conocidos? Yo no sé qué es un amigo... sólo sé que con estas personas especiales uno puede hacer cualquier cosa y, aunque tienen unos defectotes del tamaño de los míos, y generalmente no soporto que sean de alguna u otra forma, siempre termino sintiéndome como en una ducha caliente después de estar con ellos...
A todos mis amigos, les dedico el día de hoy, 19 de diciembre del año del señor 2007, en el que me pararé frente a mis sinodales y defenderé la tesis que traje en la cabeza por un año aproximadamente. A ustedes, amigos, les dedico lo que pase hoy... muchas gracias por estar aquí conmigo...
Un grinch vio "Hombres de honor"
De hecho, este post es el que debió aparecer desde el domingo, día en que comúnmente hablo de cine. En esta ocasión hablaré de una película que vimos, Cosqui y yo, se llama "Hombres de honor". La historia, es una verídica llevada a la pantallota por productores de Hollywood, así que seguramente se podrán imaginar que está repleta de escenas cursis y una musiquita que exalta a las virtudes con una corneta cuyo silbido se extingue en el aire. Pero en fin, el punto de esta película (que no es más que para pasar el rato, y en algunos casos, como el mío, también te invita a pensar) fue la amistad. Así es, señoras y señores, señoritas y mozalbetes, una película también puede hacerte pensar un poquito, y en particular, estas son las películas que a mí me gustan.
Últimamente he estado leyendo algunos blogs (el de Caro, el de Mel, el de Edgar) en donde continuamente aparece la figura de la amistad, ya sea para alabarla o para añorarla.
¿Qué diablos es una amigo? Yo no soy muy amiguero, de eso estoy seguro... Tengo amigos contados, uno desde la primaria, cuatro de la prepa, y unos siete en la universidad. Si hacemos las cuentas son muy pocos si lo comparamos con lo que muchos tienen. Pero no importa, para mí son mis amigos, son las personas con las que me siento bien, en confianza, con las que puedo exponer mi personalidad tan extraña y que de todas formas siguen con las ganas (y el nervio suficiente) para continuar a mi lado. ¿Eso es un amigo? Porque para muchos, un amigo es aquél al que le puedes contar confidencias, con el que te diviertes, con el que te puedes desahogar... y yo, como bien lo dijo Mel, no suelo desahogarme ni contar confidencias con nadie... (salvo con casos muy particulares).
¿Quiere decir que no son mis amigos? ¿El hecho de no embriagarme con ellos diarios los aleja del concepto de amistad? ¿No compartir dolores y angustias los desacredita como amigos y sólo los convierte en camaradas, o peor aún en conocidos? Yo no sé qué es un amigo... sólo sé que con estas personas especiales uno puede hacer cualquier cosa y, aunque tienen unos defectotes del tamaño de los míos, y generalmente no soporto que sean de alguna u otra forma, siempre termino sintiéndome como en una ducha caliente después de estar con ellos...
A todos mis amigos, les dedico el día de hoy, 19 de diciembre del año del señor 2007, en el que me pararé frente a mis sinodales y defenderé la tesis que traje en la cabeza por un año aproximadamente. A ustedes, amigos, les dedico lo que pase hoy... muchas gracias por estar aquí conmigo...
sábado, 8 de diciembre de 2007
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