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domingo, 6 de abril de 2008

Momentos dramáticos IV: Cast Away

Hemos hecho un pequeño trabajo de conceptualización de la acción lacrimógena (como diría Martita) en la narrativa de las historias. Claro, han sido pequeños ejemplos, pero, a mi gusto, bastante elocuentes. Todos, de alguna forma u otra, logran que el que está en presencia del momento infausto, sienta cómo se le suben las lágrimas al cuello apretándolo y se desparraman en una tormentosa lágrima o en una silenciosa cascada. Da igual, terminan por remover los pocos sentimientos que algunos tienen en las entrañas y experimentan el goce de la representación, que sin estar ahí, está. 

Cuál es la línea conectiva que engarza los cuatro ejemplos (el último está en este post, más abajo) y nos hace saber que son representaciones del drama lacrimógeno. En primer lugar, las historias son trabajadas en varios niveles, en ocasiones heterogéneos a lo largo de la narrativa, pero no por ello se limita a la homogeneidad sigilosa. Dentro de los primeros momentos, siempre se debe conseguir que las personas sientan afinidad con los personajes. Una vez logrado esto, se establece lo más importante: la relación entre dos de ellos (o más). ¿Para qué es esto? Simple, para llegar bien a la tercer parte: las acciones dramáticas que vemos en los ejemplos anteriores, basan su fuerza en romper el vínculo emocional que existe entre los personajes. 

¿Amor? ¿Amistad? ¿Cómo definir ese tenue hilo que hace que la vida gire y que cuando se rompe, sentimos con mayor fuerza su presencia con la ausencia (como canción de Arjona)? Es un sentimiento que simplemente actúa como catalizador de la paz y la tranquilidad; del bienestar emocional, psíquico y físico; de que los engranes sigan girando, haciéndonos sentir que todo va, cuando en realidad deberíamos pensar que todo va bien. 

¿Amistad, amor? Son palabras que los hombres inventaron para atrapar ideas y sentimientos que revolotean a nuestro alrededor y, como cuando un niño encierra a un pequeño pajarito para verlo, así lo encerramos en una palabra para entenderla, cuando no hace más falta que dejar que esté libre y que todo transcurra como debe transcurrir. 

¿Amor o amistad? ¿A caso deben ser cosas diferentes? ¿A caso deben compartir lugares limitados? ¿Es una cosa o la otra? ¿Estar enamorado o preferir la amistad es algo que debe preguntarse? Las obras románticas nos han enseñado a distinguir las emociones, lo cual no está mal, pues nos deja verlas por separado; pero no podemos olvidar que, como acontece con cualquier obra artística, no podemos sentir la representación completa fijándonos sólo en un sentimiento. La obra está en el todo, la paz también. 

Los dejo con esta escena tristísima de Cast Away. No hay explosiones, no hay luces fantásticas ni monitos hechos en maya. Sólo dos amigos que son separados por el mar...


viernes, 4 de abril de 2008

Momentos dramáticos III: The Kid

Un momento por demás dramático que nos regala el cine se desenvuelve en la laureada proyección fílmica de Charles Chaplin, "El Chico" o "The Kid". Para mi gusto, entre tantas risas y situaciones asombrosas hay dos momentos que hacen un nudo en la garganta de muchas personas. La primera (que no encontré) es cuando la madre del Chico, quien lo abandonara en sus primeros días de nacido pero siempre arrepentida de su canalla acto, está sentada junto a él y ambos, extrañando a esa pieza que les falta en el mecanismo del corazón, están a un movimiento de brazo para acariciarse en un abrazo de amor materno. Pero no puede ser, porque el destino, aunque los pone frente a frente, no les hace ver quiénes son. 

El segundo es cuando Chaplin, tras llevar a un doctor para que cure al pobrecito Jackie Coogan, es despojado del muchachito. Es una escena muy fuerte y muy bien actuada tanto por Chaplin (como era de esperarse) pero sobre todo por el joven mozo Coogan. Los dejo con un extracto de la película en donde podremos ver precisamente la escena que les menciono unos renglones más arriba, la del despojo por el médico. 

Saludos, y si a ustedes se les ocurren más momentos dramáticos de las películas, pues ¡¡¡digánmelas!!!  

miércoles, 2 de abril de 2008

Momentos dramáticos II: Dumbo

Cuando era pequeño vi Dumbo. La escena más dramática que he visto (sin contar la de El Rey León) se desarrolla en esta bonita historia. El amor de una madre, quizás el más tierno de todos, se maximiza por la separación. Tan lejos y tan cerca, y a pesar de todo más cerca que lejos. Desgarradores momentos pasan por la vida de Dumbo y su madre, como cualquier persona que es separada a la fuerza y con la amargura de la injusticia. Pero su amor siempre prevalece. Ojalá y todas las madres fueran como la de Dumbo...




lunes, 31 de marzo de 2008

¿Ah sí? II; Momentos Dramáticos I: El Rey León

Hace un par de semanas (el 14 de marzo, para ser exactos) me atreví a abrir un blog y postear, como dicen por acá. Ha sido un año bueno en el que me he dedicado a hacer lo que me gusta: escribir. Es un buen ejercicio tanto para el estilo como para el pensamiento, y en cierta forma hasta un desahogo. Claro, que no ha sido todo miel sobre hojuelas, entre la tesis (que acabé finalmente y próximamente publicaré) y la flojera que a veces me da para escribir en este medio electrónico, entre trompicones y combustión incandescente, entre villanos y loas, entre amigos y desconocidos, finalmente cumplí un año escribiendo. Gracias a ustedes que me han leído y que han aguantado la intermitencia de este espacio. Gracias por sus comentarios. Gracias por su atención y que esto cumpla un año más. 

Hace tiempo quería iniciar una serie de entradas donde pudiera compartir con ustedes las escenas que me han hecho llorar en el cine. De tal manera que empezaremos con la primera. El Rey León ha marcado un hito en la cinematografía de animación, por lo menos a lo que a mí respecta. No es por demás saber que está basada en la historia de Hamlet y por ello, es de reconocer el esfuerzo de la casa productora por buscar en los clásicos el hilo que diera vida a la película, y que la postre se convirtiera en un éxito taquillero rentable a través de los años. 

Sin embargo, este no es el punto. De lo que hablamos es de las escenas que arrancaron un violento esfuerzo por evitar que se derramaran las lágrimas, aunque imposible fuera ver nublado y sentir el cogote estallar. Tenía unos 10 años y mi padre andaba de viaje, por lo que "la muerte de Mufasa" fue un golpe duro para ver en el cine. ¿Disney matando a un personaje entrañable como Mufasa? Sí, este tipo de golpes dramáticos son los que le dan fuerza y vida a las obras y es de resaltar que a Disney no se le haya hecho "malo" contra su imagen incluir una escena tan fuerte y conmovedora. 

Aquí dejo el extracto en donde Mufasa pierde la vida a "patas" de los ñus en estampida, muestra clara de cómo se debe realizar una buena escena catártica clave que terminaría por darle sentido y nueva fuerza a la trama en la historia de "El Rey León". 




martes, 25 de diciembre de 2007

Mis héroes...




"Estamos hechos con los héroes que vivimos"

Después de ver la película Rocky II, hice un breve análisis. La película es buena. La trama se divide en dos: la parte pesada, que es la primera, y la parte que a todos les gusta, que es la segunda (el entrenamiento y la pelea final). En todos los sentidos, Rocky es una de las sagas que más describen una de las funciones primordiales de los medios de comunicación, yendo de la más sencilla charla hasta la más sofisticada creación artística: la generación de héroes.

Sin los héroes no somos nada y es por eso que la importancia de tenerlos es de primordial interés para cualquier pueblo. Debe tener en alguien puestas sus esperanzas, porque el mundo es demasiado grande para vivirlo en la soledad del egoísmo. Los héroes son los que marcan los destinos de los pueblos y los héroes son lo que dan a la gente los bríos para seguir luchando en sus propias vidas, comunes y corrientes, pero siempre buscando la casta de sus héroes.

Los mexicanos, tristemente, carecemos de héroes. Héroes como Rocky, que pueden parecer hechos de cartón y celuloide, pero que tienen más vida que cualquier héroe de pacotilla que se nos ha inculcado. ¿Qué diferencia tan grande hay entre héroes y héroes? Los de los romanos eran semidioses, paridos por el mismo Júpiter. Los griegos hacían que sus héroes pelearan contra los mismísimos designios del Olimpo. Los estadounidenses tienen por héroes a George Washington y Rocky, los dos ganadores.

Rocky es victorioso. Es un ser humano que se sobrepone a todos los límites: desde los enemigos más arrogantes y ansiosos por la victoria, hasta su propia forma de ser. Es un hombre honesto, es un hombre trabajador, y ganador. Pero no es un ganador fortuito, como un Huicho Domínguez, no. Es un ganador que forja su camino y a cada pedazo de película nos va invitando a querer ser como un Rocky, en cualquier forma en que nos ganemos la vida. Esa es la gran virtud de esta película, sabe explotar de una manera tremenda a un personaje que se ha convertido en un ícono de la cultura popular, y ha forjado un héroe mundial.

¿Y Los mexicanos? Los mexicanos tenemos por héroe a víctimas, a mártires, a gente que cae "con la frente en alto", pero siempre son derribados, siempre pierden, siempre sueñan. Tenemos bonches, tenemos a Hidalgo, el padre de la patria, decapitado y humillado, a Morelos quien murió en vano, a Zapata, derrotado, o al Chapulín Colorado, un héroe estúpido. En eso radica parte de nuestra ideología derrotista, ahí estriba parte de nuestro mundo tan gris y sombrío. No tenemos héroes.

No tenemos a quien seguir, no hay un ejemplo a seguir. Todos los que nos rodean no son más que humanos y humanos de la peor calaña son los mexicanos más famosos: el gober precioso, Madrazo, el peje... ¿Será posible que en algún momento pueda erigirse frente a nuestros ojos terragosos un ser humano nacido en el territorio nacional que sea capaz de congregarnos a todos en una sola dirección, en un solo futuro, en un solo respirar, en un solo latir del corazón, y derribar las murallas de nuestro propio egoísmo?

Me gustaría pensar que el cine nacional podría intentar poner sus ojos en erigir alguna figura y así apoyar a México, y no creando películas verdaderamente lamentables por el simple hecho de buscar algo comercial en donde no lo hay. Me gustaría pensar que así será... por lo pronto seguiré pensando que Rocky era mexicano.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

No andaba muerto...

...pero tampoco estaba de parranda... ¡Nel! Estaba haciendo un video para presentar mi tesis en el examen profesional que tendré este miércoles. Así es muchachos y muchachas, ya seré licenciado "di a ley" y qué mejor forma de presentar una tesis de teoría cinematográfica que haciéndole un videito. Quize atachearlo a este post, pero me parece que estaba o muy pesado o simplemente aún no entiendo cómo hacerle. Pero no hay problema, tan pronto como se me prenda el foco, yo les hago ver lo que hice.

Un grinch vio "Hombres de honor"

De hecho, este post es el que debió aparecer desde el domingo, día en que comúnmente hablo de cine. En esta ocasión hablaré de una película que vimos, Cosqui y yo, se llama "Hombres de honor". La historia, es una verídica llevada a la pantallota por productores de Hollywood, así que seguramente se podrán imaginar que está repleta de escenas cursis y una musiquita que exalta a las virtudes con una corneta cuyo silbido se extingue en el aire. Pero en fin, el punto de esta película (que no es más que para pasar el rato, y en algunos casos, como el mío, también te invita a pensar) fue la amistad. Así es, señoras y señores, señoritas y mozalbetes, una película también puede hacerte pensar un poquito, y en particular, estas son las películas que a mí me gustan.

Últimamente he estado leyendo algunos blogs (el de Caro, el de Mel, el de Edgar) en donde continuamente aparece la figura de la amistad, ya sea para alabarla o para añorarla.

¿Qué diablos es una amigo? Yo no soy muy amiguero, de eso estoy seguro... Tengo amigos contados, uno desde la primaria, cuatro de la prepa, y unos siete en la universidad. Si hacemos las cuentas son muy pocos si lo comparamos con lo que muchos tienen. Pero no importa, para mí son mis amigos, son las personas con las que me siento bien, en confianza, con las que puedo exponer mi personalidad tan extraña y que de todas formas siguen con las ganas (y el nervio suficiente) para continuar a mi lado. ¿Eso es un amigo? Porque para muchos, un amigo es aquél al que le puedes contar confidencias, con el que te diviertes, con el que te puedes desahogar... y yo, como bien lo dijo Mel, no suelo desahogarme ni contar confidencias con nadie... (salvo con casos muy particulares).

¿Quiere decir que no son mis amigos? ¿El hecho de no embriagarme con ellos diarios los aleja del concepto de amistad? ¿No compartir dolores y angustias los desacredita como amigos y sólo los convierte en camaradas, o peor aún en conocidos? Yo no sé qué es un amigo... sólo sé que con estas personas especiales uno puede hacer cualquier cosa y, aunque tienen unos defectotes del tamaño de los míos, y generalmente no soporto que sean de alguna u otra forma, siempre termino sintiéndome como en una ducha caliente después de estar con ellos...

A todos mis amigos, les dedico el día de hoy, 19 de diciembre del año del señor 2007, en el que me pararé frente a mis sinodales y defenderé la tesis que traje en la cabeza por un año aproximadamente. A ustedes, amigos, les dedico lo que pase hoy... muchas gracias por estar aquí conmigo...

jueves, 29 de noviembre de 2007

Un grinch vio Japon




Lo dije en el post de cine anterior, me gustan las películas con historia y sobre todo con la peculiaridad que te puede regalar la creación de un ser humano. "Japón", del recientemente convertido en uno de mis directores favoritos, Carlos Reygadas, es una historia llena de drama, pero sobre todo, desborda olor a humano. Debo advertirlo, no es para todos los gustos. Si a usted, lectora, lector querido, le gustan las historias más comunes, no la vea, simplemente no la va a tolerar. Pero regresando a lo que decía, desborda olor a humano por todos lados.

No sólo subyace en el discurso narrativo de la película, que nos envuelve en visión de un hombre que busca en el campo la redención. También lo hace en las actuaciones, que, por lo que he analizado, son una buena combinación entre actores que personifican y personas que actúan. Lo hace en los movimientos de cámara, que se intercambian entre la idea clara, previamente concebida y que yace en un papel como un diagrama o como un storyboard, y lo que dicta la naturaleza del momento. Lo hacen las locaciones completamente naturales, sin prefabricación aparente.

En primer lugar, me parece realmente aventurado hacer que una persona, común y corriente, se le haga participe de una forma directa dentro de una cinta. Esto no sólo queda patente en "Japón", "Luz silenciosa" también es una muestra clara de la actitud del director para con su filme; es una mezcla entre drama y ficción. Más bien, y como lo diría la "Preciosos", es un docudrama que me recuerda a las horas soporíferas del 31 mientras veíamos sin ninguna piedad en absoluto, las intrigantes imágenes del docudrama mexicano "Redes".

Pero Japón es una película que se tiene que ver. Nos da una clara muestra de que el cine no tiene porqué tocar temas "de actualidad social" ni denunciar ni mostrar "nuestra realidad" cuando esa realidad sólo se encarna en corrupción y desorden. Evidencia que las temáticas "fuertes" no son las que hacen un buen cine. Lo que hace un buen cine, es como lo he dicho en varias ocasiones, mostrar una visión particular frente a un hecho general. ¿Cómo? Simplemente dime ¿para ti, qué es la vida?

La vida es un hecho general, a todos nos pasa y a todos se nos pasa. Pero ninguno la ve de la misma forma, por muy cuadrado que tengan el cerebro. Unos pueden darle mayor importancia a los sucesos terribles, otros prefieren lo suavecito, muchos más preferirán ir contracorriente, mientras algunos luchan por tratar de ser diferentes y se cansarán de ver que siempre hay alguien que ya pensó lo mismo que ellos. Y esto es lo que nos regala Reygadas en "Japón", una clara postura frente a lo cotidiano, frente al amor y la muerte.

Definitivamente hay que ver la película para dejarse llevar por las imágenes lentas, largas y cautivantes. Cada trozo de película encapsula a una imágen y con ella a todo un pedacito de vida, que al ser suturada nuevamente en un orden específico, nos muestra a un cuerpo desnudo y cosido por hilo de cáñamo, y de pronto, con el poder de la luz, con un toque de electricidad, se levanta el Frankestein que nos hace ver que en todo lo que creímos se pondrá de pie y andará con vida propia. Es una forma de cesar nuestro apetito por ser dioses: crear arte, que a su vez dará vida a más arte...

¿Que diablos es?

Hace poco, el excelso Dr. Morán me hizo una pregunta a la cual contesté atropelladamente y, sinceramente, la contesté terriblemente mal. Me cuestionó, a propósito de mi tesis, ¿qué es el cine? ¡Chaz! Sé que no es una pregunta del otro mundo y de hecho es muy sencilla y simple su respuesta, pero yo me solté con otro choro, uno referente a la representación. En fin, me quedé pensando en que, si voy a defender mi tesis el día 19 de diciembre, pues lo mínimo que tengo que saber es ¿qué es el cine? Sobre todo tomando en cuenta que el tema de mi tesis versa precisamente en la utilización de las herramientas de las que dispone el lenguaje cinematográfico.

El cine, simple y llanamente, es narrar a través de imágenes concatenadas en un hilo conductor que se llama tiempo. No se necesita nada más que una historia y movimiento para que el discurso que se nos presente sea considerado cine. ¿Debemos usar cámaras de 35 mm? ¿Se debe contar con un fotógrafo? ¿Es necesario un set para filmar? ¿Sin tripies ni rieles ni cables ni luces extra ni nada de eso es imposible hacer cine? Yo contestaría que nada de lo anterior es NECESARIO. El cine es cine porque nos cuenta algo a través del movimiento.

El cine cuenta algo porque debe tener la intención de enviar información a otros seres (o incluso al propio realizador), ya sea al estilo periodístico (o reconstruyendo) o mostrando una clara visión del emisor (representación) o bien, por la simple finalidad del entretenimiento. Es necesario que haya movimiento, o un pase de imagen a otra imagen pues de lo contrario estaríamos hablando de fotografías, que es otro medio de comunicación completamente rico y efectivo. Por lo tanto, concluyo que para existir el cine sólo son necesarias dos cosas: historia y cinemática.

Ahora bien, como dice el viejo apotema "en gustos se rompen géneros", por lo tanto, podemos hablar de buen cine y mal cine. Este ejericicio valorativo esta contextualizado por la visión de cada persona, por lo tanto sería improbable que alguien pudiera definir con exactitud lo que es buen cine y lo que es mal cine. Lo que sí se puede decir es que el mal cine es el que no nos gusta y el buen cine el que sí. Yo sé que se escucha estúpido por la redundancia, pero a veces es necesario escuchar este tipo de cosas para partir de algún lado e ir a algún otro.

Dadas las anteriores definiciones y puntos de partida, puedo afirmar que, para mí, un buen cine, es aquel que, en primer lugar, nos cuenta algo con todas las características necesarias en una obra narrativa (ritmo, acción, variaciones, argumento) y que lo haga de una forma peculiar. --No hablo del movimiento porque es obvio que debe haber movimiento--. ¿A qué me refiero con la peculiaridad? Cada película es la visión de alguien, ya sea de un director que quiere contarnos "esa" historia que ha guardado por décadas bajo la lamparita del buró, o bien el productor de un carísimo estudio de los Ángeles. Al final y al cabo, los dos son personas y nos mostrarán visiones propias y peculiares o particulares.

El único momento en que una obra de alguna casa productora me deja de gustar y me empieza a parecer mal cine, es cuando utilizan de más alguna fórmula técnica o narrativa para arrancarnos una sonrisa o ponernos los cabellos de punta. Hablo, por ejemplo, de muchas producciones mexicanas (no hablaré de las producciones gringas que ni sirven para dominguear) que basan su éxito en tres cosas fundamentalmente: debe contener un cúmulo elevado de groserías para arrancar la sonrisa de la gente, debe haber alguna escena sexual (las dos anteriores son porque están a favor de la libertad de expresión ¿por qué callarnos? ¿por qué ocultar? Es verdad, pero hay que saber cuándo) y por último siempre debe haber algún actor "reconocido" aunque el tipo no sepa actuar (véase Martha Higareda y muchos más).

En fin, el buen cine, para un servidor, se distinguirá porque tiene un pedacito del alma de alguien, traducido en creatividad y sorpresa, en un manejo (aunque sea usual) atinado de los recursos para mover las fibras necesarias, ya sean las del corazón o del cerebro, o aunque sea las que te permiten matar horas y horas de ocio sano y constructivo, porque no puedo negarlo también me gusta Bob Esponja.

domingo, 11 de noviembre de 2007

Si no hay historia...

Cuando el cine fue inventado, a partir del descubrimiento del movimiento a partir de imágenes colocadas una tras otra, la primer intensión que se propuso fue la de contar algo. En un principio fue contar algo de la realidad, para conocerla de una forma que antes nos se había visto; de este modo, pudimos ver cómo unos caballos corriendo podían darnos la respuesta tan trascendente a si despegan o no las patas al correr; y después se utilizó para cosas un poco menos importantes, como para observar el movimiento de las personas o demás tonterías que se les ocurrían a los científicos de los últimos años del siglo XIX.

Como fuera, lo que se buscaba era contar a los demás algo que se había visto en la realidad, en algunas ocasiones sólo se llegaba a una mera reconstrucción (dar al receptor sólo pedazos de información, sin involucrarlo a propósito, como una nota en un periódico, objetiva y lo más apegada a los hechos) y en otras llegaban a la fuerza de la representación (un mensaje confeccionado para hacer que el receptor vuelva a estar en presencia del momento específico que atrajo la atención del emisor). Pero el fin era contar algo.

Una de las premisas para considerar a un pedazo de imágenes unidas una tras otra como una pieza de cine es que nos cuente algo. Si no lo hace entonces no puede ser considerado cine. Es obvio que esta no es la única característica que tiene el cine para ser considerado cine, de hecho, hay muchas otras, pero esta me parece fundamental y necesaria. Si ustedes ven una pieza de cine que no les cuente nada, entonces no están frente a ninguna pieza cinematográfica, están frente a un experimento audiovisual, pero nada más.

No estoy diciendo que los experimentos estén mal, al contrario, si lo que vemos es un "trabajo audiovisual experimental" lo que se buscará son nuevas formas de contar utilizando los elementos que nos regala el sonido y las imágenes. Por eso, generalmente no hay experimentos que nos narren algo, cuando un experimento nos empieza a contar algo, entonces estamos enfrente de lo que es considerado como cine experimental, es decir, que van a experimentar formas para contarnos algo, no son experimentos per se.

Si no me creen, échense un clavadito a cualquier libro de cine o a cualquier videoteca, y en cuanto la historia no los atrape, se darán cuenta de que están frente a una película que no es película. Por ejemplo, pueden ver la película de El Padrino (en gustos se rompen géneros), el clásico épico de la mafia, y no podrán pararse hasta que se la chuten toda, por el contrario, renten "Conquistadores", una película tan mala, que puede ser incluida en un curso de cine para mostrar a los alumnos qué es lo que no deben hacer. ¿Y por qué es tan mala? Porque no tiene historia, o más bien, tiene una historia muy mal desarrollada, por lo que no podemos llamarla historia.

Puede sonar muy enredoso, pero aquél que va a contar algo debe, en primer lugar, tener bien claro que va a narrar algo y para ello debe tener también muy claro que hay códigos para la narración, de los cuales existen muchos, pero siempre se tiene que apegar a una forma de contar las cosas. El siguiente paso será contarlo pero con imágenes y sonidos (hay algunas personas que incluso hablan sobre la primacía de las imágenes, es decir, que no debe existir el sonido; esta característica de lo que "debería ser" el cine, a mí me parece secundaria, pues existe cine con o sin sonido).

Esta definición de cine, como un mensaje necesariamente narrador, puede ser rebatida fácilmente si tomamos en cuenta que quien la esgrime (es decir, yo mero) es un narrador. Sin embargo, me he puesto a pensar, y he llegado a la conclusión de que, incluso aquella cosa que no parece estar hecha para contarnos algo, tiene la capacidad en potencia de hacerlo. Vamos, hasta una lágrima es una historia. ¿O ustedes qué opinan?

domingo, 4 de noviembre de 2007

Un grinch vio Tenacious D




Cosqui había partido hacía el cumpleaños de su pequeño y no por eso menos monstruoso sobrino José, aka "yo niño Pipo", y entonces, me dije "nada de estar triste porque Cosqui nos ha dejado, vamos a seguir con el institucional día del billar" (cada jueves (al menos eso procuramos) nos juntamos el Brown y yo para desempeñarnos en un vistoso juego de billar). Así que me encaminé hacia el hogar de Dr. Brown y me puse a dar vueltas y vueltas y vueltas, pero fue imposible encontrar un triste lugar para aparcar el automóvil. De modo que tuve que dejarlo cerca de la UP, con el peligro de que el poli me dijera "¿Es usté estudiante joven?" y yo tuviera que replicarle "No, no, no, no podría, sólo vengo a ver a un doctor (Dr. Brown)" y entonces su cara de interrogatorio judicial se ablandara, "Ah bueno, así pus sí, si no ya le estaba (sic) yo (super sic) pidiendo que de favor que utilizara la (pinche, eso no lo dijo, pero seguro lo pensó) megatorre de estacionamiento que tienen ahí, si no luego los alumnos se andan quejando que 'oiga poli, ya me dieron un cristalazo, por qué no se fijó' y uno qué va a andarse fijando en si le dan un cristalazo o no, además está bien barato, mire usté, sólo 12 pesitos por todo el día", y yo, en tono conciliador, respondiera "Sí polí, es verdad, ya ni la amuelan. Que tenga un buen día", "Igualmente joven".

Encaminé mis pasos hacia la avenida de los Insurgentes. La atravesé lo mejor que pude, siempre cuidando mis pasos para evitar que algún desquisiado me llevara entre las llantas. Caminé una cuadra, dos cuadras, tres cuadras y finalmente llegué al lugar. Envié un mensaje a Dr. Brown, "ya llegué señor, estoy acá afuera", me contestó "ok señor, ahorita bajo". Así lo hizo. Y entonces, me di cuenta de que se me había hecho un poco temprano, porque generalmente los juegos de billar comienzan por ahí de las seis de la tarde. Así que decidimos matar el tiempo viendo una de las películas que más me han gustado en los últimos años: Tenacious D in the Peek of Destiny.

Hilarante y locuaz, no hay otra forma de definirla. Si alguien pensaba que era imposible ver un musical (con perdón de Vite y de toooooodos los amantes de los musicales del mundo) que valiera la pena verse sin la fastidiosa pose de todos los cantantes de musicales o sin las bobas canciones repetitivas y sosas que te hacen preguntar ¿cuándo terminará esto? a penas a los cinco minutos de iniciado el espectáculo, Tenacious D es una buena opción (bueno, así, a bote pronto, me vienen al cerebro un par de películas musicales que no resultan fastidiosas: Moulin Rouge y Dancing in the dark).

Las actuaciones de Jack Black y de Kyle Gass son buenas, y la trama, la forma en que se entreteje el hilo narrativo y se va construyendo una fina tela que describe a la perfección una historia irreal y hasta cierto punto impredecible, es simplemente excelsa. Bueno, la verdad es que son sólo unos cinco bloques los que se salvan, el resto es pura paja. De hecho, si ustedes así lo quieren, pueden ver toda la película (o casi toda, pero lo más importante y lo mejor) en la hermosa puerta que nos ha abierto You Tube al mundo.

Por otra parte, lo que destaca en esta película, no es sólo la forma en que se narra la historia, en donde se entreteje la visión de JB con la "realidad" que se maneja en la película, sino que son fascinantes las canciones que interpreta el fantástico (porque nació como un juego, una fantasía) grupo. La mejor de todas es Master Exploder, tiene potencia en las guitarras, una armonía precisa y pegajosa sin llegar a la vulgaridad del za za za, además de que la voz de JB es "increíble", dicho en palabras de Dr. Brown, toda una autoridad en lo que se refiere a la música.

Otro segmento que vale la pena ver sin ser molestado por el típico teléfono o porque las palomitas se acabaron o porque la vegija pide a grios que se le permita liberar la tensión, es la de Sasquatch. Ustedes no pregunten sólo observen y retuérzanse de la risa, o por lo menos retuérzanse de la rabia porque todo lo que dije fue tan ensalsado que a la hora de ver la película, lo único que ven son sombras de mis palabras. En fin, ¿para qué seguir con crónicas vanales? Yo sólo les doy la siguiente sugerencia: Véanla, porque como dice Pelé: "yo lo haría".

sábado, 27 de octubre de 2007

Un grinch en el cine...

Espero poder ser constante en los siguientes meses que vienen; para tales efectos, he decidio publicar más seguido un poco de lo que se cuece en mi cerebro. Por lo pronto creo que:

Todos los domingos, hablaré de cine (alguna crítica, alguna idea, etcétera, etcétera).
Todos los martes, escribiré un cuento
Todos los jueves, plasmaré alguna opinión
Todos los sábados, algún dibujo

Así, que como hoy es domingo, pues empezamos con el cine.

La semana antepasada, realmente estuvo rica y variada en cine. En primer lugar, y como ya lo escribí con anterioridad, vimos Cosqui y yo la película de Malos Hábitos: buena técnica, mal narrada. Pero por suerte la semana cinéfila no terminó ahí. Unos días después y aprovechando que el cine del Sky Mall estaba a un precio razonable (¡¡¡por favor, el otro día fuimos al Cinemex y nos salieron con la charada de que eran 50 varitos por cabeza!!! Ese Slim, está bien que de pronto le den sus aires de filantropía pero el colmillo sangrador ese jamás se le caerá) y decidimos ir a ver un documental que, en lo personal, me llamó la atención más que nada por la fotografía de un niño negrito simpático, vestido al estilo de los años 30's, más bien campirano. ¿El nombre del documental? I'm not there...




I'M NOT THERE



Verdaderamente me dejó muy satisfecho esta película. Fue todo un placer deleitar su rítmica, su prosa narrativa derivada de un manejo de los cuadros que nos acerca al postomodernismo mejor logrado; una mezcla de versiones, de ideas, de formas de contar, de estilos, de colores, de atmósferas, de velocidades, de silencios, de vacios.

Es sobre la vida de Bob Dylan, y según dicen los que saben y apuntan los que opinan y cuchichean los que leyeron en alguna revistucha de tercera y que luego piensan que por eso son grandes cineastas y luego salen con una cámara rentada, valuada en miles de pesos, con una chaqueta más bien caqui, vestidos con un aire de pseudointelectual pedorro, unos lentes y una melena y con eso ya son los próximos seres que van a revolucionar el cine, ¡mis polainas! Decía, el documental ha sido aprobado por el famosísimo Dylan como la biografía oficial... y eso que no tiene nada de oficial.

La trama está, como dijera el buen Edgar, locuaz. El personaje de Bob Dylan es destazado en seis personajes, todos ellos diferentes entre sí, pero compartiendo un destino trágico y único. El primero es el niño negrito, muy acertado, viviendo a través de las canciones de otros, de las experiencias de otros, de los sueños de otros... hasta que, saltando de tren en tren sufrió un fatídico accidente. Otro, interpretado por Christian Bale, nos configura a un personaje más bien mesiánico o si no, profético, más tirándole a los santos que alguna vez prestaron sus cuerpos y sus lenguas para que Dios hablara a través de ellos (lo que pasa es que Dios no puede solito, de hecho, hacer un Universo él solo pues lo agotó y de hecho inventó al hombre para que a través de él, hubiera una comunicación directa con el reino recién inventado... pero en fin). Este segmento tiene cara de documental, lo cual llega a aletargar al desprevenido.

De pronto, y sin ningún tipo de aviso, aparece en escena el que puede ser el personaje más importante, no sólo por la explosividad histriónica que nos maneja, sino que, por lo menos en una forma perseptiva, aparece un poco más de tiempo que el resto de los personajes. Es divino(a) la actuación que nos regala este actor(riz), quien nos muestra a un cantante (¿Dylan?) abrumado por la vacuidad de su éxito. El último es un hombre que huye de todo (al igual que el resto de los personajes) y se esconde en un poblado inexistente bajo la máscara de un desconocido. Así pasa sus días hasta que el mundo vuelve a entrometerse con él.

Es magnífica la historia y nos dibuja la maldición de muchos íconos culturales, que han sufrido de la voracidad de la cultura hegemónica: por más que quieran esconderse, el Sol siempre los delatará.




TESS



Después de haber disfrutado de esa entrada deliciosa, sucedió que me subí al metro, y pues como cualquier viaje en el metro (por lo menos para los que no lo frecuentamos tanto o los que todavía encontramos cosas fascinantes en él, porque el resto de los mortales sucumbe ante la rutina, tal y como sucede con los que usamos todos los días los coches o los que viajan siempre (ver Fightclub) o los que se la pasan debrayando tanto) me encontré con algo interesante: había un ciclo de Roman Polansky en la Cineteca.

La verdad yo siempre he escuchado sobre Polansky y lo único que sé, como buen ignorante pseudoconsumista, es su macabra historia con la familia Manson (y como no me puedo resistir, les contaré (aunque ya lo sepan) que un día, el buen Polansky salió de su casa, quizás a filmar, quizás no, y dejó a su esposa embarazada (esto es básico, si no, sería un asesinato vulgar), quien al tener sola la casa dijo "Nel, a mí me da miedo esto de estar solapa, mejor hago una peda y así me siento menos solita", y chacarrácatelas, que invita a unos amigos y que tú traes las papitas y que es de traje, no como crees yo invito, nanai todos llevamos lo que chupamos, bueno y estaban en la tertulia cuando entran unos morros mandados por el mismísimo Charles Manson y chanclas, que les dicen que si no les daban sus pertenencias se los gazpacheaban y que si sí, pues también, el chiste era acabar con la raza de ricos con vidas vacías que estaban destrozando a los pobrecitos jovenes norteamericanos, y de paso al mundo. Total que los chicos de Manson mataron a la doña de Polansky con todo y bebé adentro, o sea que como quien dice fue doble pecado, porque cometieron homicidio y aborto a la vez, pero como estaban economizando, pues les salió mejor a los Manson boys).

También estaba harto de que mi único acercamiento con la obra del legendario Director fuera El Pianista y La Última Puerta. De modo que fui con Cosqui a la Cineteca (15 varos de estacionamiento más 40 varos de entradas (por güey no mostré mi credencial de estudiante... duh!)) y ahí nos enfrentamos con unos sillones muy poco cómodos, pero qué diablos, es Polansky, además, ya basta de consentir al trasero burgués, que sienta lo que es ser intelectual yerbero de Filosofía y Pedas. Bueno, el chiste es que entramos. Encendieron el proyector y chachán, ante nosotros la película más maltratada que haya visto en mi vida. Eso sí, la dirección muy buena, la historia muy dramática, las actuaciones muy al estilo inglés, pero lo mejor, lo mejor, lo mejor, fue el arte. Realmente te hacen sentir en la época de principios del siglo XIX (creo, y si no, por lo menos eso te hace creer). La chava, Tess, muy guapetona, pero lo que más destacaba era su vestuario, las botas llenas de lodo, los cabellos sudados y grasientos, pero siempre conservando su belleza natural. La verdad, muy buena película, aunque me cayó gordo que estaba bien cortada... De pronto iban a decir algo y "corte a" ya estaban vestidos.

La recomiendo ampliamente, sobre todo si quieren ver a alguien sufrir y ya se aburrieron de las cosas que sacan en Hechos de la Noche o con el Ticher...




LUZ SILENCIOSA



Finalmente cerramos esta primera sección de cine con otra película de otro mexicano. Ya estaba harto de que, cada vez que entraba a ver una película mexicana, saliera decepcionado (ver: http://jorgepablo.blogspot.com/2007/10/un-grinch-regreso-al-cine-malos-habitos.html/http://jorgepablo.blogspot.com/2007/06/tres-peliculas-y-un-libro.html). Pero escuché sobre Luz Silenciosa y después me dijeron que era de Carlos Reygadas y me dieron ganas de verlo. La verdad no había visto nada de Reygadas, pero por alguna extraña razón me sonaba (después caí en cuenta de que Edgar alguna vez me había recomendado Japón de Reygadas).

Total que ahí van Cosqui y yo al cine. Después de un periplo que empezó en la cima de un cerro y terminó adentro de las paredes de MundoE, entramos a nuestras butacas. Desfortuandamente no medí las consecuencias de entrar a una función de un mexicano, aparentemente aburrida. ¿Por qué? Porque muchas parejillas calenturientas (y muy mal educados, tompi si sueno mamonzón, pero y qué... soy un grinch) pensaron que sería la opción perfecta para darse calor, sobre todo ese día que había dado el cordonazo San Antonio. Total que mientras estaban los comerciales y esas cosas, todos muy atentos, pero eso sí, cuando empezó la película, la pareja de nacos (ver: http://jorgepablo.blogspot.com/2007/05/cereza-yo.html) de nuestro lado derecho empezó a murmurar. Cosqui los shhheo (los cayó con un shhhh) pero nada de caso. Entonces que me enojo y los shhhhhhheo más fuerte. Santo Remedio.

Entre algunas interrupciones de una pareja y otra, la película transcurrió con cierta tranquilidad. La verdad es una película excelente. No sólo va de un ritmo lento (nos muestra todo un amanecer en unos minutos) hasta el ritmo semilento (nunca hay velocidad, porque la vida de los menonitas así es), sino que la historia tiene un giro mágico al final, que le da un sabor bastante sabroso, pues dentro de tanta realidad, hay un dejo de ilusión. Creo que Reygadas es un nuevo maestro del cine, pero poco se sabrá de él, porque no ha logrado (ni creo que quiera) ser un famoso publicista (como Alejandro González Iñarritu o Simon Bross), ni tiene espectacularidad en sus películas. Pero tiene algo que a muchas obras intelectuales y artisticas de hoy les hacen falta: un pedacito del alma de quien las crea.

domingo, 14 de octubre de 2007

Un Grinch regreso al Cine: Malos Habitos


Decidimos pasar una tarde con el buen Vite, pero el buen Vite no pudo pasar la tarde con nosotros porque se alargó una comida familiar. "No importa", dijo Cosqui, "vamos al cine nosotros". Eso hicimos. Íbamos a ir al de San Mateo, porque el estacionamiento es gratis (eso es importante en mi toma de decisión al ir a cualquier lugar: 1) que haya estacionamiento y 2) que sea lo más barato posible; de hecho las plazas deberían pasarnos una lana por estacionarnos e ir a comprar a sus tiendas las cuales les dan de comer harto y surtido, pero bueno, estamos en México, país divergente y surrealista, mágico e ilógico, rústico y atrasado, donde lo que es arriba está abajo y lo que está abajo suele revolotear por las ondas exigencias de la mentalidad puritana de los que no se quieren reconocer en el espejo y prefieren buscar su autenticidad en las cejas o en la imagen raída de un períodico soviético), pero la película llevaba ya un rato de haber empezado. Decidimos subir al cerro (literalmente) y perdernos en la brumosa cima del SkyMall, un nuevo centro comercial cuyo principal atracción (además de la vista) es un estacionamiento de 3 pesos. Mejor, imposible.

Total que decidimos entrar a ver la de Malos Hábitos, dirigida por el "director de comerciales más premiado del mundo", Simón Bross. Después de comprar las palomitas reglamentarias y chutarnos la mitad esperando en la fila de la sala, logramos arrellanarnos en lo más alto de la sala, con las escaleras a nuestros pies, para que mi rodilla que siempre truena, no se encontrara con personas que la molestaran en su faena de estirarse para tronar. De este modo, me eché un tercio más de lo uqe quedaban de palomitas y empezó la función después de los respectivos 15-20 minutos de previos comerciales. Pasaron las imágenes ante mis ojos y no pude dejar de lanzar una crítica. Quise callarme la boca, no lo conseguí. Traté de evitar que mi cerebro conjugara pensamientos, fue inevitable. Al final, Cosqui me dijo que le había gustado mucho. Yo no pude contener el vendabal que atormentaba mis quijadas y tuve que decirlo: "a mí no me gustó".

¡Terrible desgracia! ¡Maldito traidor a la patria! ¡Cómo te atreves a atacar al director de comerciales más premiado del mundo! ¡Cómo te atreves a demeritar el esfuerzo de un mexicano! Lo que pasa es que estás lleno de rabia, te quemas por dentro de la envidia que él sí pudo tirar dinero a la basura en una historia técnicamente bien hecha pero narrativamente mediocre. Te corroe las entrañas ver que otro sí pudo hacer lo que tú no has podido: darle un putazo, muy elegante por cierto, al ya destrozado orgullo del cine nacional. Se te pudren los dientes mientras bociferas contra un paisano, eres un paria, ¡no! pero que paria, eres un... cangrejo.

Nada de eso. Simplemente tengo una visión muy extraña del cine. Me parece que el cine debe penetrar en las entrañas y hacerte sentir y hacerte pensar. El cine, como todo arte, será un buen cine si logra representar, si puedo oler la fruta que se come la damicela que seduce al galancete; congelarme con los glaciares que desprenden pequeñas burbujas de aire helado a través de la pantalla; reírme con los pensamientos tácitos de dos amantes que se ven desnudos y piensan en lo trivial que sería su existencia si los filmaran en el acto; beber los lunares de dos asesinos que se mantienen buceando en las profundidades de sus delirios. Si no logran hacerme ver lo que el director vio, no es un cine que tenga vida; será una estatua fría y hueca; un óleo poroso que se deshace con un soplido; un edificio sin interior; un ser humano sin sangre ni alma.

Eso es lo que vi en la cinta del multipremiado Simón Bross. Maneja la cámara de una forma excelsa. Sus movimientos cadenciosos hipnotizan al espectador y le confieren un ritmo semilento, elegante, liviano a la historia. La fotografía es muy buena, de hecho es muy artística. Si hubiera presentado este film como una exposición de fotografías, sería tremendamente elocuente. Pero como largometraje se queda corto. La historia, lo que verdadermente importa en el cine (a mi modo de ver) se ve completamente alejada de las personas. Los personajes no fueron tratados con sabiduría. La niña, supuestamente la protagonista, queda relegada a un tercer plano difuso. La madre se convierte en la villana y la víctima, pero jamás lo sabemos. La monja tiene sus momentos, pero al final queda en un plano meramente anecdótico completamente desarticulado del resto de lo que pasa en la película. La historia se desmadejó hasta caer en un sinsentido, en un montón de personajes sin alma, que no dicen nada, a pesar de que podrían decir mucho.

Se hicieron tres historias y ninguna tuvo el peso ni la autoridad para ordenar al resto. Ninguna de la historias me convenció en absoluto. Sólo una escena tuvo una chispa de vida: las monjas poniendo su negocio. Fuera de eso, Simón Bross debería haber pensado en no dejar de hacer comerciales. Simón Bross debió de entender que una película no son fotos, son cuentos relatados a través de imágenes; es un lazo de comunicación y de expresión entre el director y el espectador. No son bonitas fotos. Toda la grandeza de Bross, capaz de contar en un comercial un largometraje, se evaporó. Qué esperanzas de ver a los personajes llenos de gracia y movimiento como en sus campañas de "todos tienen un jetta, al menos en la cabeza" o "el niño del Seally que brinca en un colchón y cae dormido en el otro". Nada, simplemente la película le quedó muy grande.

lunes, 18 de junio de 2007

Breve ensayo sobre el cine...

Aldo Massa, Luis Eduardo Campos y su servidor, Jorge Pablo Correa González, nos reunimos el día jueves 31 de mayo nada más para charlar. Aldo y yo habíamos visto la película ¿Y tú cuánto cuestas? (ver: http://jorgepablo.blogspot.com/2007/06/tres-peliculas-y-un-libro.html), documental del famoso Olallo y empezamos a discutirla. Él la veía de una forma más benévola en comparación con la mía. Sin embargo coincidimos en que el lenguaje cinematográfico era pobre. De ahí empezó todo.

El cine (por lo menos el cine comercial, no así las propuestas artísticas) se ha trabado en un juego predecible en donde las historias ya no son llamativas --la escuela hollywoodense así lo ha querido y prefiere sustentarse en la fuerza de sus efectos visuales y una buena campaña de publicidad-- y la forma de contarlas, menos. Los mismos encuadres, los mismos juegos de imágenes, el lenguaje cinematográfico ha caído en una serie de lugares comúnes que parecen ya no caminar hacia ningún lado.

En el muy particular caso del cine mexicano, el que se exhibe en las salas y que está disponible para un público masivo, además de este pequeño problema, también queda por resolverse el de la temática. La temática del cine mexicano siempre es la misma: comedias o thrillres sin chiste de un corte muy gringo que no queda gringo y se queda en el limbo de lo mediocre, o dramas crudos y traumáticos, en donde el director quiere mostrar "la realidad" y termina por decirnos lo mismo que saldría en la Prensa o en los noticieros de TV Azteca --como dijo Ramón Fregoso, lo importante es el raiting y por eso vale más la noticia amarillenta con tintes rojos que nos da un anaranjado espeluznante a una noticia de cualquier otro color-- pero eso sí, con más sangre y escenas "sin tapujos".

"¿Qué quieres? Así es la realidad", me dirán. Yo digo, "¿Y qué propones para resolverla?". Las conclusiones a las que llegamos ese día fueron muy claras. En primer lugar, se deben generar propuestas. Decía Lalo Campos que él prefiere las películas con finales abiertos, en donde él pueda esbozar una propuesta. A mí me parece que si se está haciendo una denuncia, lo menos que podemos hacer es buscar una forma de solucionarla. El cine debe proponer. No sólo soluciones, debe proponer nuevos elementos para narrar, debe proponer la visión de un ser intelectual como lo es un director o un guionista.

La propuestas son cerradas en un sentido, pues nos mostrarán las delimitaciones de una idea surgida de un hombre o mujer que abstrayeron la realidad y la moldearon según sus estructuras cognoscitivas, y después encontraron la mejor manera para hacerselas llegar a todo un público que quiso verlas. Pero también son abiertas, porque el público a su vez abstraerá la realidad lanzada por el director o guionista o escritor o fotógrafo o diseñador o panadero o lo que sea, y la moldeará según su pensamiento se lo dicte y entonces también tendrá una propuesta que ofrecer, porque lo que se adecuó en el fue una solución.

Podrá decir, sí, a mi me parece buena esa solución, o no, a mi me parece mala, o no lo sé. Pero ya se está trabajando con algo. Por tal motivo concluímos también que es preponderante realzar la visión del individuo a través del cine. ÉSte deberá estar sustentado necesariamente en universales (temas que a todos nos parezcan comunes, como la muerte o la burla). Esta visión del individuo no puede llegar a los límites a los que ha llegado, por ejemplo, con el postmodernismo, en donde el individuo plasma su visión al grado que ni él mismo puede saber qué quiso decir.

Es importante, en los primero minutos de la narración, establecer el código con el cuál el espectador podrá entender lo que acontecerá en el resto del discurso. Si logramos este paso, y además, lo combinamos con la universalidad e la temática, entonces podremos estar hablando de la tercer conclusión: la visión individual no está peleada con la generación de recursos.

El hecho de que el cine y la televisión estén llenos con copias baratas --bueno, no tan baratas, sus millones les cuestan-- de lo mismo, es porque los empresarios son miedosos y prefieren invertir en algo que ya está probado a "arriesgarse", sin darse cuenta que mientras en el corazón de la película subsitan los valores universales, esa pieza está a punto de convertirse en un éxito. ¿Por qué? Si estudiamos a Sófocles, a Cervantes, a Shakespeare, a Camus, a García Márquez, a Sade, a Maupassant, a Borges, a Verne, podemos encontrar que en el fondo siempre están contándonos algo sobre el amor, sobre la muerte, sobre la misieria, sobre la existencia, sobre temas universales que a todos nos interesan.

Por tal motivo, la gente se sentirá identificada y verá las películas, y con una breve explicación de cómo debe ver tal o cual obra, se puede innovar. Esto nos abre las puertas para la evolución del lenguaje audiovisual encabezado por el lenguaje cinematográfico. Por eso, dejamos abierta la pregunta: ¿Cómo establecer neuvos elementos para este lenguaje?

viernes, 8 de junio de 2007

Un grinch, tres peliculas y un libro...




PIRATAS DEL CARIBE, EN EL FIN DEL MUNDO

La última película que he ido a ver al cine fue la de los Piratas del Caribe, la última película de la trilogía. Aunque a muchos les parece terriblemente malo el duplo anterior, a mí me parece que la primera estuvo bien hecha --dominguera y palomera (sin salsa, por favor) pero con una buena intriga-- y la segunda pintaba para que tuviera una conclusión genial. Pero creo que esta última, se quedó corta.

Cosqui y yo fuimos a verla en un extraño mundo que acaban de construir justo a un lado de su casa. De por sí, llegar hasta la colina --un cerrito, para ser precisos-- en donde vive Cosqui es toda una aventura. Ahora, llegar a este sitio fue mucho más. Para llegar con Cosqui necesitas entrar en los vericuetos más conspicuos de esa famosa ciudad conocida como "Ciudad Satélite". Realmente está en un rinconcito del mundo.

La plaza en donde están los cines en donde están pasando las diez mil copias de los Piratas --ni se hubieran molestado para sacar tantas, con esto queda comprobado que no por mucho varo, mucho seso-- está en el lugar en donde alguna vez estuvo un cerrito lleno de plantitas, pero el hombre blanco, malvado y vendedor de frituras que envenenan a nuestros niños decidió convertirlo en una bonita plaza, que por supuesto aún está en obra negra... bueno ya es obra gris, pero se ve medio fellollo.

La placita tiene una particularidad que no puedo dejar de alavarle. Tiene una terraza enooooooorme, desde donde se puede ver toda ciudad satélite y un pedazote de la gran urbe que se traga todo lo que se encuentra. De noche recomiendo mucho esta vista, pues se ve un mar de llamas naranjas enmedio de la inmensidad del negro --sin albúr, conste--. El viento se cuela con libertad a través de esta bonita terraza y te llena de vida y del smog que es arrastrado hasta allá arribota.

Total que en esta plaza tan curiosita estaban pasando varias copias de los piratas del Caribe, eso sí, la mayoría en un franco español que muchas veces entorpece la actuación de los actores, pero como en México tenemos de los mejores actores de doblaje yo no me preocuparía tanto. Por suerte nos tocó verla con subtítulos.

¿La película? La película fue una jaladota. Con decirles que Jack Sparrow salió volando junto a la hermosa y cada día más flaca Elizabeth Swann en un paracaidas improvisado con un retazo de la vela del Holandés Errante. Momentos antes, la misma hermosa mujer se hecha una arenga tipo George Bush, y Peje juntos, en donde se habla de la libertad y no sé que tantas cosas. Hasta sale el "papá" de Sparrow encarnado por la mítica leyenda Keith Richards, el diablo terrenal, el pirata de piratas --nada que ver con las copias más baratas que se venden a fuera de cualquier metro, y adentro también--¡ay, no mames! Le faltó punch a la película.

Sólo me consuelan dos cosas: la vista hermosa de la terraza de esta plaza y que Elizabeth Swann no saldrá en otra saga, porque de aparecer, seguramente desaparecerá...

Un grinch, tres peliculas y un libro...



¿Y TÚ, CUÁNTO CUESTAS?

Después de ver la pelícual El Violín, decidí que sería buena idea ver el documental de Olallo Rubio. Un buen amigo me dijo que había notado un fenómeno particular: después del estreno de "Bowling for Columbine", el documental del archifamoso y buen tipazo (al menos aparentemente) Michael Moore, se dió un boom del documental. De tal forma que cuando vi en la cartelera otro documental mexicano, supuse que sería una buena idea ir a verlo.

Fuimos al mundialmente conocido por los capitalinos Cinépolis de plaza Universidad, y ahí esperamos a que diera la hora indicada para entrar a ver la película. En el inter nos rifamos con unas palomitiux que estaban bastante buenas, aunque a la mera hora, Cosqui le puso mucha salsa a las friturillas estas y se aguadaron. Pero no importa, de todos modos sabían buenas. En ese momento surgió en mí una duda existencial ¿En qué momento se hicieron tan famosas las dichosas palomitas?

La duda sesgó mi cerebero por un par de minutos pero ante la impaciencia de la señorita que recoge los boletos y su insistencia pertinente para que se los diera y no entorpeciera la fila me hizo regresar de mi letargo y serenarme en la realidad mundana y boquifloja de la sala de cine. Entramos, nos arrellanamos en las butacas estelares y después de poner las palomitas que nadaban en la salsa valentina al centro y empalmar gozosos nuestro par de raspados industrializados, léase ICEE, esperamos que la luz reflejar en la pantalla la visión ácida de Rubio.

Pasaron los comerciales y los comerciales del cine y más comerciales y otros pocos comerciales del cine y entonces vino la película. A mí me pareció que como cineasta, Olallo Rubio es un buen podcastero --dudo si así se dice, pero me parece la palabra más adecuada--. Es decir, cuando escuchaba a Rubio primero en Radioactivo y después en Radioactivo II y últimamente a través de sus podcasts, me parecía que tenía un ingenio particular.

Sus comentarios solían ser chistosos y lograba poner una visión crítica en un mundo donde los medios alineados --y alienados, según la teoría marxista expresada por Alia Emar, personaje ficticio y real de Antonio Skármeta-- inundaban las pantallas y las ondas radiofónicas con una sola postura sobre el acontecer diario. A través de sus emisiones radiales e internéticas --más palabras inventadas, hermoso, hermoso-- nos guiaba por los laberintos de su mente.

Me parece que el control que tiene y la maestría ejecutada al momento de bailar con el lenguaje radiofónico es un arte que lo tiene bastante bien hecho. Sus crónicas están inundadas con efectos acústicos que realmente te hacen imaginar lo que está narrando y te transporta a la realidad --te re presenta, de acuerdo a la teoría de la representación de JPCG-- de sus locuras y de su forma de ver las cosas que a todos nos afectan, de una forma o de otra.

Pero el lenguaje visual, ese sí me parece que le falta y mucho. Su técnica es poca y me parece que el hecho de escribir palabras que el narrador está diciendo, lejos de logra un efecto de resonancia en la mente del espectador, deja ver una falta clara de poder conceptualizador. El señor no sabe hablar con imágenes pues. Sabe hablar con la voz, pero con imágenes nel. Sus gráficos están muy bien hechos, bonito diseño, pero no aporta nada más a su guión: se dedicó a ilustrar con imagencitas su discurso. Tache.

Además, a mí, en lo particular --como todas las tonterías que escribo, son muy particualares-- no me agradó que la narración no corriera a cargo de él. Él escribió el guión, por lo tanto él sabe qué intención dar a cada frase. El narrador es opaco y a la larga, tedioso. O no supieron dirigirlo, o el narrador no supo entender las órdenes del director. Es decir, el lenguaje hablado que sí maneja magistralmente Olallo Rubio, se fue directito al hoyo. Otro tache.

Finalmente, aunque la postura de este "documental" era, más allá de responder las pregunta que plantea, proponer más preguntas y lograr que el público saliera de la sala preguntándose más y más y más y más, las cosas que critica y las preguntas que propone ya se vieron hace un rato. Si este documental hubiera salido unos añitos atrás, hubiera tenido un punch bastante fuerte. Ahora, las preguntas se diluyeron. Un último tache.

Lo que sí me gustó mucho mucho, y lo que salva en gran medida a este trabajo documental son sin lugar a dudas los testimoniales. Las cosas que dice la gente, mostrando lo que piensa o su postura sobre lo que se le pregunta me parecen realmente interesantes. Ahorita recuerdo lo que dijo una de las mujeres mexicanas cuando se les preguntó: ¿y tú cuanto cuestas?, "Mucho, mucho dinero... [viene pregunta inaudible pero que bien pudo ser: ¿pero más o menos cuánto?] Como diez mil pesos". Ella, una mujer, un ser humano se cotiza con la increíble cantidad de 10, 000 pesos. Eso refleja la realidad.

Yo me quedo con los testimoniales, y con la pregunta: ¿En qué momento se hicieron tan famosas las dichosas palomitas?¿quién industrializó las palomitas?...

martes, 5 de junio de 2007

Un grinch, tres peliculas y un libro...



EL VIOLÍN

Esta semana que recién acaba de terminar tuvo una extenuante gira a través de varios cines. La primera que fui a ver es la famosísima y olvidadísima "El violín". Según dicen los expertos y los críticos, esta cinta es mucho mejor que la de Iñarritu, Cuarón y Del Toro juntas. Después leía el Universal y me atrajo un pequeño reportaje a cerca de un hombrecillo que tocaba el violín. Lo leí y lo leí y lo leí, y caí en cuenta de que este viejito era el que había estelarizado la dichosa película, aunque yo todavía lo dudaba. "Lo malo es que sigo esperando que me paguen lo de la película", decía el viejito al reportero, entonces sí, todo quedó clarísimo, ese viejito era el de la película. "¡Ah canijo!", me dije a mí mismo cuando escuche tan contundentes declaraciones, y decidí que sería preponderante acudir y ver, con mis dos ojitos chinguiñosos, por qué tanto barullo a cerca de esta cinta mexicana, aclamada en el exterior, y sólo entonces, aclamada también en el país.

Fui a verla y, después de varios minutos, que se convirtieron en horas y horas y horas de película, finalmente salimos. Puedo dar dos opiniones sobre la película: la del fondo y la de la forma. En cuanto a la técnica --forma-- está bien llevada. Utiliza unos filtros que le da una realidad que ya pasó pero que no ha pasado. Como el pasado atorado en una pieza de papel periódico. Es lenta. Al principio tiene un par de escenas fortísimas y después, el aletargamiento de las horas que se deslizan frente a los ojos. Una historia que quedaría bien --otra vez, tal y como sucedió con "Un día sin mexicanos"-- si hubiera sido un poquito más corta. Las actuaciones contrastan demasiado. El viejo, que es un personaje de verdad, que no actúa y sólo posa a la cámara, se ve millones de veces más real --por obvias razones-- que los actores que lo acompañan. Es un contraste en donde se nota el "fotomontaje", el artificio. Pero en general está buena.

La historia, es muy maniquea. Los guerrilleros son los buenos y los soldados, esos entes que manda el "maldito" gobierno federal, son los malos. ¡Mueran las bestias militares". Nosotros sólo buscamos paz, tranquilidad, y ¡libertad! (pensemos en un William Wallas cuando grita ¡libertad! en sus últimos minutos de vida, según la versión de Gibson). Me parece que esta película se ha estancado en la dinámica que mueve a las artes --artistas e intelectuales-- de México: la protesta. Todos protestan sobre cualquier cosa... pero nadie dice qué hacer para solucionar las cosas. Esta película cae en lo mismo. Los pueblos indígenas están subyugados; se protesta contra la bota en el cuello. Pero no ofrecen una solución pensada y que verdaderamente sirva. Además, no hay "punch" en las escenas, falta fuerza en lo que nos cuentan. No hay esa catarsis de emociones que debe despertar una película. A mi me parece que eso le resta muchos puntos a este buen intento de cine mexicano. Pero eso sí, es mucho más película que cualquiera de las cochinadas que se están viendo actualmente --véase, niñas mal, ladies night, etc.--

El violín es una buena película, aunque me parece que está fuera de tiempo. Si hubiera salido unos añitos más atrás, hubiera sido un verdadero balazo. Si hubiera tenido más fuerza la narrativa contada, hubiera estremecido a muchos. Si hubieran dado más peso al violín, a la música. Pero ya sabemos que el hubiera no existe...